Infinity Mirror Rooms de Yayoi Kusama: por qué son sus obras más famosas

LOS CUARTOS INFINITOS DE YAYOI KUSAMA: EL ARTE QUE CONVIRTIÓ AL ESPECTADOR EN PARTE DE LA OBRA

Pocas experiencias artísticas contemporáneas han logrado el nivel de fascinación colectiva que despiertan las Infinity Mirror Rooms de Yayoi Kusama. Estas instalaciones, hechas de espejos, luces y una ilusión de espacio que parece no tener fin, se han convertido en sinónimo de la propia artista japonesa, generando filas de horas y entradas agotadas en cuestión de minutos allá donde se exhiben. Pero reducir estas piezas a la imagen perfecta para redes sociales sería ignorar por completo su origen, nacieron como una respuesta directa a las alucinaciones visuales que Kusama padecio desde la infancia, y como un ejercicio filosófico profundo sobre la disolución del yo frente al cosmos.

No existe una sola sala que pueda llamarse «la» Infinity Mirror Room. Se trata, en realidad, de una serie que supera las veinte piezas individuales, cada una con título, año y materiales propios, distribuidas en colecciones permanentes y exhibiciones itinerantes de museos como el Hirshhorn en Washington D.C., The Broad en Los Ángeles, la Art Gallery of Ontario en Toronto y el Tate Modern en Londres, entre muchos otros.

Habitación Infinita Espejada—Las Almas de Millones de Años Luz – archivo Hirshhorn Museum and Sculpture Garden

¿Qué son las Infinity Mirror Rooms de Yayoi Kusama?

Se trata de instalaciones inmersivas donde el visitante entra a un espacio cerrado forrado completamente de espejos, generalmente acompañado de elementos como luces LED, esculturas o lámparas que, al multiplicarse infinitamente en los reflejos, crean la sensación de estar suspendido en un espacio sin límites. La clave de estas obras es que el propio cuerpo del espectador se convierte en el único elemento capaz de activar la composición: sin nadie dentro, la sala es simplemente otra cosa.

La primera Infinity Mirror Room de Yayoi Kusama

Todo comenzó en noviembre de 1965, cuando Kusama presentó Phalli’s Field en la Castellane Gallery de Nueva York, apenas siete años después de haber llegado a la ciudad con 29 años. La instalación consistía en una habitación forrada de espejos, con cientos de protuberancias de tela blanca cubiertas de lunares rojos esparcidas por el suelo. Los espejos multiplicaban esas formas hasta el infinito, y convertían a quien entraba en parte inseparable de la escultura. Un año después llegaría Peep Show / Endless Love Show (1966), una cámara hexagonal con mirillas que funcionaba, además, como un comentario directo contra la guerra de Vietnam.

¿Por qué las obras de Kusama están llenas de espejos y luces?

Antes de trabajar en tres dimensiones, Kusama ya llevaba años pintando sus Infinity Nets, redes de puntos que cubrían lienzos completos en sesiones de pintura que podían extenderse hasta sesenta horas seguidas. Aquello no era simplemente un estilo artístico, sino una manera de procesar las alucinaciones visuales que sufrio desde niña, en las que campos de puntos parecían multiplicarse hasta devorar el espacio entero. Trasladar esa lógica al espacio tridimensional, a través de espejos y luces, le permitió convertir una experiencia perturbadora en un ejercicio de control creativo, y más adelante en lo que ella misma ha descrito como «auto-obliteración»: la disolución del yo en el universo.

Habitación Infinita Espejada—Amor para siempre – archivo Hirshhorn Museum and Sculpture Garden

Las Infinity Mirror Rooms más famosas

Entre las piezas más reconocidas de la serie destacan dos instalaciones que proyectan al visitante hacia una suerte de esfera astral, salpicada de innumerables luces que evocan estrellas.

«Infinity Mirrored Room—The Souls of Millions of Light Years Away»

Presentada en 2013, esta pieza forma parte de la colección permanente de The Broad, en Los Ángeles, y es una de las más solicitadas de todo el museo, con acceso exclusivamente mediante entrada programada. Combina espejos y cientos de luces LED que parpadean en distintos colores, sumergiendo al espectador en una sensación de espacio cósmico prácticamente infinito.

«The Infinity Mirrored Room—Filled with the Brilliance of Life»

Creada originalmente en 2011, esta instalación forma parte de la colección del Tate Modern en Londres desde 2019, tras haber sido presentada por la propia artista junto a las galerías Ota Fine Arts y Victoria Miro. Su interior, bañado en un juego de colores generado por espejos y luces LED, se ha convertido en una de las salas más visitadas del museo desde su llegada.

Cómo las Infinity Mirror Rooms cambiaron la experiencia del arte

Durante buena parte de los años sesenta y setenta, otros artistas como Lucas Samaras llegaron a recibir crédito por instalaciones de espejos que Kusama ya había desarrollado antes, un capítulo de invisibilización que la llevó, agotada, a regresar a Japón en 1973. En 1977 ingresó voluntariamente a un hospital psiquiátrico en Tokio, donde vivió mantiendo un estudio activo. El verdadero reconocimiento global llegaría décadas después, cuando la exposición itinerante organizada por el Hirshhorn Museum, presentada entre febrero y mayo de 2017, la convirtió en un fenómeno cultural masivo, con filas de horas y entradas que se agotaban en minutos.

Dónde ver las Infinity Mirror Rooms de Yayoi Kusama

Al no existir una sede única, cada institución alberga piezas distintas. El Hirshhorn Museum, en Washington D.C., posee My Heart Is Dancing into the Universe (2018), en colección compartida con el Buffalo AKG Art Museum; The Broad, en Los Ángeles, exhibe tanto The Souls of Millions of Light Years Away como Longing for Eternity; el Tate Modern, en Londres, resguarda Filled with the Brilliance of Life; la Art Gallery of Ontario, en Toronto, tiene Let’s Survive Forever (2017); y el Guggenheim Bilbao alberga A Wish for Human Happiness Calling from Beyond the Universe (2020). Antes de planear cualquier visita, conviene verificar directamente con cada institución, ya que muchas piezas requieren entrada con horario reservado y pueden estar temporalmente fuera de exhibición.

Más de cinco décadas después de su primera aparición, las Infinity Mirror Rooms de Yayoi Kusama siguen funcionando exactamente como su creadora las concibió: un espacio donde el cuerpo del visitante deja de ser un simple observador para convertirse en el centro mismo de la obra. Que se hayan transformado, además, en el arte más fotografiado del planeta no contradice su origen profundamente personal; simplemente confirma que pocas experiencias logran comunicar, con tanta claridad visual, una idea tan compleja como la disolución del yo frente a lo infinito.