Roberta y Raquel: elegancia, silencio y autenticidad

ROBERTA DAMIÁN Y RAQUEL CHAVES: DOBLE PRESENCIA


En un mundo que exige mostrarse, Roberta Damián y Raquel Chaves eligen permanecer. Sus voces habitan lo sutil, lo que no busca aprobación, lo que simplemente es. Entre planos emocionales y silencios que hablan más que las palabras, ambas construyen una estética que trasciende la pantalla: la de la honestidad como lenguaje y la calma como forma de rebeldía. Por Emilio Gala


Créditos:
Director editorial y realizador: @gerardangulo
Fotografía: @carlos_ruizc
MUAH: @kerenmakeupart
Asistentes de moda: @michortizand@vanecl.__ y @ser.mua
Producción: @_yulietd
Entrevista: @e.gala_

Hay presencias que no necesitan ruido para llenar una habitación. Son esas que hablan con la mirada, con el ritmo del cuerpo, con la calma que solo da el autoconocimiento. Roberta Damián, actriz y artista 360°, y Raquel Chaves, artista visual y directora creativa pertenecen a esa especie de mujeres que entienden la imagen como un lenguaje discreto: una forma de decir sin pronunciar, de resistir sin confrontar, de existir sin buscar permiso. Desde universos distintos, ambas coinciden en un mismo punto: el arte de habitar con elegancia y sin prisa.

HABITAR LA ESENCIA

En tiempos donde la inmediatez dicta el ritmo y las apariencias se confunden con verdades, Roberta y Raquel eligen caminar distinto. No se definen por algoritmos ni tendencias. Ambas construyen desde la esencia: una a través de la actuación, la otra desde el arte visual. Pero en las dos habita una misma intención: existir sin máscara. 

«El estilo es una extensión de la emoción. No es solo lo que llevo, sino cómo lo llevo. Es energía, actitud y movimiento», dice Raquel, con esa serenidad que hace que cada palabra suya parezca una imagen en cámara lenta. Su estética, casi cinematográfica, no nace de la prisa, sino del sentir: «No pienso demasiado, solo dejo que funcione sin forzar nada. A veces es caótico, a veces limpio, pero siempre emocional». En su universo, la textura y la luz hablan de algo más profundo: una verdad que no busca ser comprendida, solo percibida. 

Roberta: total look, Fendi.
Raquel: total look, Diego Zúñiga.
Ambas: joyería, Suot Studio.
Ambas: body, Intimissimi y joyería, Suot Studio.

MADURAR ENTRE LUCES

Roberta, por su parte, aprendió muy pronto que crecer en la industria es también aprender a escucharse. «Aprendí muy chica a decidir sola y a conocer mis límites», confiesa. Esa madurez temprana se nota en su forma de mirar, de decir sin adornos, de habitar los personajes sin perderse en ellos: «Si mi cuerpo dice que no, no lo hago. Me ha salvado de cosas que no eran para mí». Su intuición no es mística, sino una brújula; una manera de cuidar lo invisible: su paz. 

Ambas coinciden en algo: la imagen es un reflejo de lo interno. Raquel lo llama “honestidad visual”; Roberta, simplemente, “honestidad”: «Me importa más la sensación que transmite y que tenga coherencia con mi mundo. Cada foto tiene que fluir y sentirse auténtica como parte de un mood que quiero conservar. La atemporalidad, para mí, tiene que ver con la honestidad: lo que nace desde un lugar real no envejece», dice con firmeza Raquel. Quizá por eso, su vulnerabilidad frente a la lente no se siente como debilidad, sino como presencia. En El secreto de la familia Greco, esa entrega se volvió tangible: «​​Tuve que mostrar vulnerabilidad real. Me tocó fibras que no tenía tan resueltas. Fue un papel tan oscuro y diferente de mí», comenta Roberta. 

Raquel: chamarra, Carlos Carmezynee.
Roberta: total look, Hermès.
Ambas: joyería, Suot Studio.

EL ARTE DEL SILENCIO

Mientras tanto, Raquel sigue explorando la estética de la calma. Su feed es un espacio de resistencia, un susurro en medio del ruido digital: «Hay algo profundamente rebelde en elegir la sutileza cuando todo parece pedir más y más ruido. La elegancia para mí no es apariencia, es presencia y actitud. Es mantener la calma, incluso cuando el mundo te exige velocidad», afirma. En sus fotos no hay gritos ni poses: hay atmósferas, silencios, gestos que respiran.

Total look, Louis Vuitton y Joyería, Suot Studio.
Total look, Prada y Joyería, Suot Studio.

EL RETORNO A LO ESENCIAL

Roberta lo traduce en acción: poner límites, regresar a lo simple, cuidar el alma. «Regreso a mis rutinas, a mi gente, a cosas simples que me aterrizan», dice, recordando que no se puede dar verdad en escena sin sostenerla en la vida. Sus historias soñadas no buscan heroínas perfectas, sino contradicciones humanas: «Las de crecer sin manual. Relaciones reales, contradicciones, la parte incómoda que casi nadie quiere mostrar». 

Raquel, en cambio, habita un espacio más abstracto, donde la dirección, la interpretación y la contemplación se fusionan: «Hay una mezcla constante entre lo clásico y lo caótico. No sigo un patrón exacto. Mis referencias cambian según el mood: a veces es una película, a veces un fotógrafo o una canción que se me queda pegada. Todo lo que me llama la atención termina formando mi estética», explica. Lo visual es su manera de escribir sin palabras, de narrar desde la emoción pura. Su universo no tiene fronteras fijas, sino pulsos: a veces una canción, a veces una sombra, a veces un movimiento imperceptible.

Total look, Hermès y Joyería, Suot Studio.
Total look, Miu Miu y Joyería, Suot Studio.

PERMANECER

Al final, ambas reflejan una misma búsqueda: la permanencia por encima del impacto. No se trata de brillar más, sino de dejar huella. Roberta imagina su carrera como un escenario minimalista, limpio, con espacio para jugar. Raquel elige permanecer en la sutileza que resiste el tiempo. Dos caminos distintos, un mismo eco: el arte de no forzar lo que fluye.

En la superficie del ruido contemporáneo, Roberta Damián y Raquel Chaves encarnan una elegancia que no se ve, se siente. Ambas practican un tipo de arte que no busca ocupar espacio, sino crear silencio alrededor de lo verdadero. No hay artificio en su forma de mostrarse; solo la certeza de que la autenticidad, cuando es real, nunca pasa de moda.