Erik Hayser: el recuerdo que sostiene su vida como actor

EL ESPEJO DEL ACTOR

En un mundo donde la imagen se consume con la velocidad de un scroll, Erik Hayser insiste en algo radical: la verdad. Actor, productor y narrador de historias que se mueven entre la luz y la sombra, ha construido una carrera donde la actuación no es un oficio pasajero, sino una búsqueda espiritual. Una conversación que también dialoga con la visión de RADO, la casa relojera suiza que, como el arte, entiende el tiempo no solo como medida, sino como legado.

Por Emilio Gala

Créditos:
Director ditorial: @gerardangulo
Realización: @vanecl.__
Fotografía: @frances.rou
Grooming: @juanperaltamakeup
Asistente de fotografía: @santos.fons
Asistentes de moda: @ser.mua
Producción: @_yulietd
Locación: @b44.studio
Entrevista: @e.gala_

El recuerdo que sostiene al actor

Para Erik Hayser, la actuación no comienza en un set ni en una alfombra roja; comienza en la memoria. Hay una escena que vuelve a él constantemente, como una brújula íntima que lo mantiene anclado a su esencia. No es una escena de una serie o una película; es una real: un teatro vacío en Querétaro, un adolescente que se niega a irse a casa, una luz tenue encendida sobre el escenario. «Todos los días recuerdo a ese adolescente que soñaba en un teatro en Querétaro», dice con una serenidad que parece venir de lejos. «Esperaba que todo el mundo se fuera y yo me quedaba ahí con permiso del vigilante, solo en el escenario con una pequeña luz, y me ponía a soñar», añade. 

Ese recuerdo casi cinematográfico es el ancla que lo protege del vértigo de la industria: «Recuerdo eso todos los días de mi vida para no olvidar quién soy, qué quiero y por qué decidí dedicar mi vida a contar historias». En una industria donde el personaje público puede devorar al ser humano detrás del actor, Hayser ha construido una estrategia silenciosa de resistencia: la memoria. No olvidar de dónde viene, no olvidar para qué empezó. 

Reloj de Rado.
Reloj de Rado.
Reloj de Rado.
Reloj de Rado.
Reloj de Rado.

El verdadero significado del lujo

La palabra lujo suele evocar imágenes precisas: relojes, autos, hoteles, alfombras gruesas… Pero cuando se le pregunta a Erik qué significa realmente vivir una vida lujosa, su respuesta se mueve en otra dimensión: «Para mí vivir una vida lujosa tiene que ver mucho con sentirme pleno, con sentirme feliz y con tener la oportunidad de dedicarme a lo que más amo hacer en la vida, que es contar historias y crear personajes». 

El lujo, en su universo, no se mide en posesiones, sino en gratitud: «Para mí es un lujo despertar todos los días y sonreír agradecido por estar junto a la mujer que amo, por ver a mi hijo crecer día a día y además tener el privilegio de que me paguen por hacer lo que amo». Hay algo profundamente humano en esa respuesta. Una redefinición silenciosa de la palabra éxito. 

El lujo, para Hayser, es el tiempo compartido. Es la plenitud de saber que la vida que eligió tiene sentido. «Eso para mí es un lujo», dice, y la frase queda flotando como una verdad sencilla que rara vez se escucha en un mundo obsesionado con lo espectacular.

Reloj de Rado.
Reloj de Rado.

El arte como espejo

Muchos de los personajes que ha interpretado habitan zonas morales complejas: hombres fracturados, líderes ambiguos, figuras atrapadas entre la ética y el poder. No es casualidad. Hayser cree profundamente que el arte no existe para tranquilizar, sino para confrontar. «Me parece que el arte representa lo más profundo del ser humano. Y esa profundidad tiene que ver no solamente con la luz, sino también con las sombras», explica. Para él, esas sombras son necesarias: «Son esos lugares que a veces pueden incomodarnos para impulsarnos a ser mejores, para convertirlas en luz». 

No habla del arte como entretenimiento superficial, sino como una experiencia transformadora: «Si el arte no nos lleva a poner un espejo frente a nosotros y realmente preguntarnos cosas, no es arte». La frase cae con la contundencia de una declaración estética. Porque para Hayser, el arte que verdaderamente importa no es el que distrae, sino el que sacude: «Para que el arte sacuda, definitivamente tiene que generar en el espectador una introspección. Eso es lo que lo vuelve tan poderoso». 

Ese interés por explorar las zonas más complejas del ser humano también atraviesa uno de sus proyectos más recientes. Santita es una historia de amor poco convencional protagonizada por una mujer profundamente irreverente, una narrativa que se atreve a caminar por territorios incómodos con sensibilidad y responsabilidad. La serie aborda temas controversiales como el aborto y la eutanasia mientras propone una reflexión sobre la naturaleza humana, nuestras sombras y nuestras virtudes. En ella, Hayser interpreta a Mauricio, un hombre que acompaña a Santita en un vínculo amoroso que, lejos de las estructuras tradicionales, se construye entre confrontaciones, dudas y la certeza de que el amor es tan complejo como la vida misma. Dirigida por Rodrigo García y producida por PANORAMA Entertainment de Gerardo Gatica, la serie reúne además un elenco notable con Paulina Dávila, Gael García Bernal e Ilse Salas, consolidando un proyecto que apuesta por la profundidad emocional y por historias que invitan a mirar hacia adentro.

Reloj de Rado.
Reloj de Rado.
Reloj de Rado.

Una vida convertida en película

Si su trayectoria pudiera traducirse a una obra de arte, Erik Hayser no duda ni un segundo en el formato: sería cine. «Definitivamente sería una película. Sería una obra de arte en forma de película», confirma, aunque no sería una película lineal ni complaciente, sino una historia de contrastes: «Transitaría por momentos intensos, por momentos dolorosos, por momentos que sacuden». 

Hay algo profundamente honesto en esa manera de narrar su propia vida. No hay una narrativa edulcorada de éxito. Hay proceso, tránsito y, finalmente, plenitud: «Llegaría un momento pleno, que así es como me siento». Después de más de dos décadas de carrera, Hayser habla desde un lugar de equilibrio que solo llega después de caminar mucho: «Siento que hoy estoy viviendo la mejor versión de mí mismo». Y sonríe, consciente de lo que implica esa frase: «La película de mi vida representaría eso: el camino andado durante estos 23 años que finalmente culminan en la sonrisa que tengo mientras respondo a esta entrevista».

Reloj de Rado.
Reloj de Rado.
Reloj de Rado.

El arte que permanece

Vivimos en una era de estímulos fugaces: videos que duran segundos, historias que desaparecen en veinticuatro horas, narrativas diseñadas para ser olvidadas… Pero Erik cree que el verdadero arte sigue otra lógica: «La diferencia está en la conexión con el espectador», explica. No se trata de impacto inmediato; se trata de significado: «Cuando digo verdadero subrayo esa palabra, porque el arte que carece de verdad no es arte», dice con énfasis. 

Para él, la verdad es el único material que sobrevive al tiempo: «Para que algo sea verdadero tiene que venir desde el corazón, tiene que ser real». Y cuando esa verdad se expresa, algo ocurre entre quien crea y quien observa: «Tiene que llegar a quien está enfrente, a quien está escuchando, y tiene que hacer que ese momento trascienda y deje huella». 

En un mundo dominado por la inmediatez, Erik cree en la permanencia: «Hoy lo único que importa es la rapidez con la que llegan los estímulos y con la que se van», reflexiona. «Por eso lo más importante es acercarnos a aquello que verdaderamente conecta». La clave, insiste, sigue siendo la misma: la verdad. «Eso solamente se traduce en aquello que es verdadero: lo que, al expresarse, conecta en lo más profundo del espectador», afirma. 

Hoy, Hayser interpreta personajes complejos, produce proyectos ambiciosos y habita una industria que no deja de transformarse. Pero su brújula sigue siendo la misma: recordar por qué empezó. Porque al final, el verdadero arte no nace de la fama ni del éxito. Nace de ese momento íntimo, silencioso, casi invisible… en el que alguien decide quedarse solo en un escenario vacío y empezar a soñar.