Simon Jablon y el legado de Linda Farrow: lujo, técnica y visión

HERENCIA, PRECISIÓN Y ARQUITECTURA DEL DETALLE: SIMON JABLON Y LA HERENCIA VIVA DE LINDA FARROW

Hay conversaciones que no suenan a entrevista, sino a archivo vivo. A memoria familiar desplegada sobre la mesa. Simon Jablon llega con bocetos, catálogos de los años 70 y piezas que parecen más reliquias que producto. Pero en su discurso no hay nostalgia: hay método, precisión y una obsesión casi quirúrgica por el detalle.

En México (país al que vuelve constantemente), el director de Linda Farrow revisita el legado de su madre desde una idea clara: el lujo no es velocidad, es tiempo convertido en forma. Esa visión también se materializa en Ciudad de México, en Colima 112, Roma Norte, donde la marca se presenta en exclusiva y conecta con una audiencia que entiende el diseño como actitud más que como tendencia.

¿Todavía conservas los diseños originales que encontraste en el almacén familiar?

‘Los traje conmigo. Tenemos algunos de los diseños originales. En la pared, estos son los bocetos originales de mi madre. Este es uno de nuestros primeros catálogos originales. Es de 1974. Esta es una foto de mi madre. Y luego tenemos algunos de los diseños vintage originales que traje para presentar.’

Estos materiales no funcionan como archivo estático, sino como un punto de partida vivo que conecta directamente con la identidad actual de Linda Farrow.

Simon Jablon. Foto cortesía de Simon Jablon.

¿Al crecer a su alrededor, qué observaste sobre el estilo antes de incluso darte cuenta?

Simon explica que de niño no era consciente de la excepcionalidad de su entorno porque todo le resultaba cotidiano. ‘Supongo que, ya sabes, cuando eres niño no te das cuenta de lo que está pasando. Por muy extraño, raro o único que sea tu experiencia, para ti es normal’.

Añade que crecer en el centro de Londres marcó esa percepción desde el inicio: ‘Crecí en el centro de Londres, en una zona donde la gente no vive, no hay mucha comunidad… estoy literalmente en el centro de Londres’. En ese contexto, los referentes del diseño eran parte del entorno familiar y cotidiano. ‘Mi madre trabajaba con diseñadores como Ysan Aran, Emilia Pucci, Deal… y esos son nombres que conocía desde que era niño’.

¿Hubo algún momento en que sentiste que ese legado te intimidaba?

Simon responde que no sintió el legado como algo intimidante y lo relaciona con haber comenzado el proyecto muy joven, lo que le dio una sensación de libertad total.

‘Creo que la belleza de haber empezado el negocio tan joven, mientras menos sabes, menos te afecta, la ignorancia es felicidad’, explica, destacando que esa etapa inicial estuvo marcada por una confianza casi instintiva donde todo parecía posible: ‘cuando eres tan joven, sabes todo. No hay límites. Todo es posible. Y sabes todo, puedes hacer todo y nadie puede decirte nada’.

Con el tiempo, reconoce que su forma de pensar se volvió más analítica, pero valora esa primera etapa como una ventaja creativa.

Foto cortesía de Simon Jablon.

¿Sigue presente el ADN creativo de tu madre en la marca? ¿Y dónde se expresa ahora la marca con tu propio lenguaje?

‘Creo que la marca de mi madre y el ADN de la marca son tan integrales y están tan interconectados, Londres está tan arraigado en nuestro ADN, herencia y archivo’, explica Simon, destacando cómo la esencia de los años setenta y ochenta en Londres sigue siendo el núcleo estético de la firma. Al mismo tiempo, señala que esa herencia dialoga con el presente y con el cliente actual: ‘Cuando piensan en Linda Farah, piensan en glamour. Quieren esa sensación de los setenta y ochenta’.

Desde su propio lenguaje, entra en juego una visión más técnica y centrada en el producto: ‘Me considero un artesano en gafas, cuando usas nuestro producto, ni siquiera sabes todo lo que hay detrás. Solo sabes que hemos considerado cada ángulo desde los mejores materiales hasta el mejor ajuste, mejores lentes, etc’.

En esa búsqueda de excelencia, resume su filosofía: ‘Puedes sentirte cómodo con todo el conjunto. Sabes que estás obteniendo lo mejor’. Finalmente, introduce su enfoque más personal con la Black Series, una línea masculina y minimalista inspirada en su propio estilo: ‘generalmente el 90% de mi guardarropa es negro, de ahí surgió la serie negra, hemos perfeccionado una cosa perfecta’.

¿Qué aspecto de la producción de gafas da por sentado la mayoría de la gente y a qué te gustaría que prestaran más atención?

‘Probablemente diría que el público en general, creo que hay un estigma con las gafas de que se pueden hacer barato y poner una marca famosa y obtener un gran margen’, explica Simon, apuntando a una percepción simplificada del sector.

Sin embargo, insiste en que la realidad es muy distinta cuando se trabaja desde la calidad: ‘cuando hacen la fabricación, recortan cada esquina siempre puedes copiar materiales, copiar diseños. Pero cuando realmente entras en la técnica y la calidad, esos detalles finales son los que definen la diferencia entre lo promedio y lo de primera calidad’.

En ese sentido, sitúa el posicionamiento de la marca dentro de un estándar muy concreto: ‘cuando se trata de calidad, las marcas que están aquí son diseñadores independientes y trabajan con fábricas de muy alta calidad, los lentes que seleccionamos son el punto de partida, tomamos la mejor calidada’.

Foto cortesía de Simon Jablon.

¿Cómo funciona el proceso de las colaboraciones de Linda Farrow?

‘Creo que esa es la belleza de la colaboración. No hay una fórmula establecida’, explica Simon, dejando claro que cada proyecto creativo funciona de manera distinta. ‘Me encantaría que hubiera una fórmula porque me gustaría que todos se comportaran de cierta manera. Pero no es así. Y eso no es la naturaleza humana, especialmente al tratar con creativos’.

A lo largo de los años, Linda Farrow ha trabajado con nombres como Jeremy Scott, Raf Simons, Dries Van Noten, Sacai o Jacquemus, y según Simon, cada diseñador tiene una dinámica completamente diferente: ‘algunos son más prácticos, otros menos, algunos quieren meterse en los detalles, otros solo quieren dar su idea y dejar que el resto lo haga’.

Aunque el proceso creativo cambia constantemente, la parte técnica mantiene el mismo estándar: ‘hay una misma forma detrás de todos ellos cuando se trata de fabricación, el pulido toma cierta cantidad de tiempo, el corte toma otro’. Para Simon, precisamente ahí está el valor de las colaboraciones: ‘el diseño y el proceso creativo es diferente. Y creo que eso es lo que lo hace hermoso’.

¿Cuál ha sido tu colaboración favorita o con cuál te mueres por colaborar?

‘Creo que hay grandes colaboraciones en el pasado. Al final del día, la mayoría de las colaboraciones surgen porque soy fan’, explica Simon, subrayando que su punto de partida siempre ha sido la admiración por otros creativos.

Ese espíritu espontáneo marcaba incluso los encuentros: ‘solía ir a fiestas de moda en París y Londres, la mitad de las colaboraciones se hicieron porque estaba en una fiesta y simplemente nos gritábamos al oído de fiesta, qué importa, hagamos algo juntos’. Ese espíritu espontáneo se reflejaba en encuentros con diseñadores e íconos de la moda como Raf Simons, Jeremy Scott, Dries Van Noten, Sacai, Jacques Mu, Bernard Villan, e incluso figuras como Yohji Yamamoto u Oscar de la Renta, con quienes soñaba o llegó a colaborar en distintos momentos de su trayectoria.

¿Si la moda es un lenguaje, qué dirías que dice de sí misma quien usa unas Linda Farrow?

‘Son seguros, se sienten empoderados’, explica Simon, resumiendo en una idea directa la actitud de quien elige Linda Farrow. Para él, no se trata de que el producto domine a la persona, sino de lo contrario: ‘Siempre digo que la persona usa el producto. El producto no usa a la persona’.

‘Nuestros clientes son personas seguras, de mente libre, que aprecian nuestro arte porque son personas con ideas afines’. También observa cómo en otros casos el consumo puede volverse performativo: ‘cuando tienes ese cliente que no sabe mucho de moda, caminan por la calle cubiertos de Gucci y cosas así, Gucci los está usando a ellos’.

En Ciudad de México, la marca se vive en un solo punto: Colima 112, Roma Norte, donde la selección de piezas funciona como una curaduría más que como retail. Ahí, el universo de Linda Farrow se traduce en experiencia: silenciosa, precisa y editorial. Un lujo que no necesita elevar la voz, solo precisión.