Santiago Achaga: su sueño de dirigir, su carrera como actor y más

SANTIAGO ACHAGA: PIEZA POR PIEZA

Vestido de Dolce & Gabbana de pies a cabeza, Santiago Achaga llega a las páginas de NOIR para hablar sobre su sueño de ser director, del caos detrás de la creatividad, las renuncias que exige una carrera en el entretenimiento y la relación con su hermana Macarena, la persona con la que sueña compartir cada una de sus metas.

Actor, director en construcción y nómada autoconfeso. Santiago Achaga dejó Mar del Plata a los 16 años para perseguir una oportunidad que ni siquiera sabía si existía. Una década y varios proyectos después, sigue persiguiendo historias con la misma filosofía: saltar primero, entender después.

Por Luis Téllez 

Créditos:
Director editorial: @gerardangulo
Realización: @vanecl.__
Fotografía: @aguslingals
Video: @jenniferlameiro_
Grooming: @makeupbygaba
Asistentes de moda: @ser.mua
Producción: @_yulietd
Locación: @_mustudio_
Entrevista: @luistellez

A los 16 años, Santiago Achaga dejó Mar del Plata, se emancipó y se mudó solo a Buenos Aires para perseguir una carrera que apenas entendía. Sin preparación formal ni experiencia profesional de por medio —más allá de haber visto de cerca el camino que antes había recorrido su hermana, Macarena—, se lanzó al ruedo. Su primer casting fue para Heidi, bienvenida a casa, una serie juvenil de Nickelodeon. Ni él ni sus representantes creían que fuera a quedarse con el papel; la intención era simplemente empezar a picar piedra. Quedó.

Después de una importante conversación familiar, hizo las maletas y se instaló en Buenos Aires para comenzar una carrera que nunca imaginó despegaría tan rápido. «Hicimos dos temporadas de Heidi, bienvenida a casa, luego grabé una peli que fue para Estados Unidos en Argentina, Palau, y de ahí fue el paso a Like, en México. Pedro Damián me conocía y me marcó un día. Yo todavía tenía 17 cuando me vengo a vivir. Y así empieza la parte de la actuación. Pero yo siempre actué sabiendo que era un medio para poder dirigir».

Aunque el público lo conozca principalmente como actor, él siempre tuvo claro que su destino estaba en otro lugar: detrás de la cámara. Construyendo historias como quien arma un rompecabezas pieza por pieza. «Para mí, la forma de aprender era estando ahí cerca, siendo un actor que estuviera pendiente de las indicaciones de los directores. Prestar atención a cómo se hacía, cómo se dirigía una escena o a un buen actor. Qué decir, qué no, ver qué funcionaba con el resto de los actores… estar muy atento todo el tiempo».

Diez años y una docena de mudanzas después, sigue moviéndose con la misma filosofía: saltar primero, entender después. Ha vivido en Argentina, Colombia, Uruguay, Nueva York y México, pero hay algo que permaneció intacto: la necesidad de contar historias. «Amo estar delante de la cámara y lo quiero seguir haciendo, y lo voy a seguir haciendo, si Dios quiere. Pero siento que mi camino ha sido siempre detrás. Pero bueno, soy muy fan de actuar. Es como jugar y uno nunca deja de aprender, eso es una realidad. En esta industria todo está cambiando todo el tiempo y siempre hay más para saber».

Hoy, esa inquietud empieza a tomar forma. Ha dirigido diversos proyectos, entre ellos videos musicales para Evaluna y Camilo, México 86 para Netflix y recientemente terminó un cortometraje —aún sin anunciar— protagonizado por Macarena y producido por ambos, que verá la luz más adelante este año. Su proceso creativo, para quienes se preguntan, zigzaguea como enemigo de cualquier camino lineal. «Es el proceso más desprolijo que hay porque es incómodo. Parece que va para un lugar y luego no, y luego tienes un montón de ideas, todas en una bolsa… Y todo se siente caótico hasta que, de repente, no. La creatividad es tener un montón de ideas, permitirse ser caótico y después dejar que la inteligencia empiece a bajar estas ideas y encontrar cuáles son tus pedazos. Y luego empezar a armar el rompecabezas».

El reto más complejo de dirigir no es tener una visión, sino lograr transmitirla. Después de años observando a directores desde el otro lado del monitor, reconoce que su generación enfrenta desafíos distintos a los de quienes vinieron antes. «A nivel creatividad, no nos estamos inventando nada nuevo. Estamos recreando y reversionando cosas que existen. Entonces, aprenderles a los directores que vienen antes de nosotros y que, por su parte, aprendieron de otros directores, es de lo más sabio que uno puede hacer».

Pertenece a una generación que aprendió a crear con menos recursos y menos solemnidad. «Es mucho más inmediata, tenemos menos atención. Entonces hay que dirigir distinto. […] Incluso la industria, hace 20 o 30 años, contaba con mucho más presupuesto. Hoy por hoy, me avientas un celular y hacemos, no sé si magia, pero intentamos que las herramientas no sean una limitación. Eso lo demostró YouTube. No importaba qué tenías. Si tu celular graba, graba y súbelo. Lo editas en tu compu o en tu celu. Creo que si la gente entendiese que las herramientas son eso y no limitantes, y que lo que hay en cada una de ellas se puede usar, eso potencia muchísimo la creatividad».

La vida en el entretenimiento está lejos de ser tan romántica como suele parecer en redes sociales o en la televisión. «No hay cosas malas», afirma —como buen optimista—, «pero sí difíciles». Y continúa: «Creo que la tasa de éxito en esta carrera, tanto para actores como para directores, es muy baja. De los cientos de miles de actores que desean actuar, los que realmente pueden no solo actuar, sino vivir de la actuación, son muy pocos porque, al final de cuentas, es una carrera que nunca te va a pedir menos del 100 %. Si vos no estás dispuesto a darlo todo, es muy difícil».

Y cuando dice todo, habla en serio. Perderse sus últimos años de adolescencia. Pasar años lejos de sus papás y de los amigos de su ciudad. Ir, venir y regresar. Lidiar con el rechazo, no tener trabajo, no tener estabilidad, pasar de trabajar muchísimo a no trabajar nada durante dos años. «Tenés que saber ser resiliente, manejar tus finanzas, ser una persona emocionalmente madura, no tomarte las cosas personalmente, pero también trabajar y estudiar… O sea, te va a pedir todo».

Total look: Dolce&Gabbana.

A diez años del despegue de su carrera y con doce mudanzas a cuestas, uno podría pensar que este nómada autoconfeso ya se acostumbró a vivir lejos de sus afectos. La realidad es un poco más compleja. «Uno no puede andar todo el tiempo sufriendo porque, si no, no podrías seguir en esta carrera. Es tan simple como eso. Me costó y fue muchísimo trabajo, pero uno desarrolla cierta capacidad para distanciarse de las emociones y entender que hay prioridades en ciertos momentos de la vida. Sí me cuesta, no te voy a mentir».

Tener cerca a quien él llama su «espíritu gemelo» ha hecho el camino más llevadero. Macarena y Santiago se llevan ocho años de diferencia, pero funcionan como compañeros de profesión, aliados creativos y, muchas veces, maestros mutuos. «Yo puedo dirigir a Macarena en un casting y le puedo leer un guion desde una visión como actor, pero le puedo dar réplica como director. O si tengo que hacer un casting yo, ella me da réplica. Maca es la persona que me ha enseñado mucho de lo que yo sé y le he aprendido mucho su forma de trabajar, lo profesional que es, lo concisa y clara con sus objetivos».

El éxito, sin embargo, para Santiago está lejos de ser una foto individual. «Es una persona que sé que daría todo por mí. Y creo que ella admira mucho de mí, algo que es recíproco. Estamos en este barco juntos. Y lo digo siempre: mi gran objetivo es poder dirigir, hacer películas y estar en las grandes ligas, pero si no llego con ella, no sé si lo quiero hacer. En realidad, para mí es parte del éxito poder llegar con mi hermana ahí. La felicidad es real cuando la compartís».

En una época obsesionada con las historias de éxito individuales, Achaga defiende una idea mucho más simple: nadie llega solo. «Parece que si sos agradecido con alguien más te quitás mérito a vos mismo. Es un concepto muy extraño en esta era. Hay que darle el mérito a la gente. Sí, hice un gran esfuerzo solo para llegar acá, pero no estaría acá si mis papás no me hubieran apoyado, si mi hermana no me hubiera enseñado, si la gente que me fui cruzando en el camino no me hubiera dado las herramientas o el apoyo. Dormí en la casa de un amigo una vez porque necesitaba un lugar para dormir, y dormir en su sillón. Si no fuera por esa persona, tal vez no estaría acá tampoco».

Quizá por eso, después de una década persiguiendo historias, Santi sigue hablando menos de llegar y más de quiénes lo acompañan en el camino. Porque si algo parece haber aprendido armando el suyo pieza por pieza es que el éxito puede ser individual. La felicidad, no.