Director del SIAR: “El reloj es una cosa inservible que lleva años siendo querida”

CARLOS ALONSO, A 20 AÑOS DEL SIAR: “LA EMOCIÓN Y LOS VALORES INTANGIBLES TIENEN QUE ESTAR DE ENTRADA”

Carlos Alonso, director general del Salón Internacional Alta Relojería (SIAR) y fundador de la revista Tiempo de Relojes, lleva dos décadas convirtiendo una idea que la industria no entendía, un salón de relojería abierto al cliente final, en una de las citas más importantes de la alta relojería en América Latina. Este año, el SIAR celebra su vigésima edición del 20 al 22 de octubre en The St. Regis Mexico City, con 50 firmas.

En esta conversación con NOIR, Alonso habla de su relación con el tiempo, de lo que vio en México cuando imaginó el SIAR, de qué convierte a un reloj en algo más que un objeto costoso y de por qué la imperfección también tiene valor. También reflexiona sobre la evolución del lujo, el peso de construir una institución y lo que le gustaría que permanezca cuando ya no esté al frente.

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El tiempo es probablemente el único lujo que no podemos comprar. Después de dedicar gran parte de tu vida a una industria que intenta capturarlo y medirlo, ¿cómo ha evolucionado tu propia relación con el tiempo?

Fatal.

En España hay un refrán que dice, “en casa del herrero, cuchillo de palo”, ¿ves? Pues aquí pasa exactamente igual. La revista se llama Tiempo, nos dedicamos al tiempo, pero el tiempo es una cosa tan complicada, tan complicada.

Me gusta más el tiempo desde el punto de vista espiritual y como filosófico y poético, eso sí me gusta mucho. Pero cuando se vuelve una disciplina es tremendamente complejo, porque tiene que ser flexible, y los relojes te hablan de que tienen que ser precisos, exactos, y eso es un don del reloj. Y yo creo que la realidad del tiempo tiene que ser extremadamente flexible para que la vida pueda ocurrir decentemente; entonces es un poco rara mi relación con el tiempo.

Cuando imaginaste por primera vez el SIAR, ¿qué sentías que le hacía falta a México dentro de la conversación internacional de lujo?

A mí de México siempre lo que me ha gustado es la gente, porque nos dimos cuenta en aquellos años, porque habíamos empezado antes del SIAR, el SIAR empezó en 2007, la edición 1, pero ya desde el año 2000 hacíamos cenas privadas con coleccionistas y todo, y en aquellos años no estaban muy las ferias del mundo, eran ferias todas para profesionales y periodistas, pero no para clientes finales, eso era más un tema de los joyeros que hacían una cena e invitaban a sus clientes, pero no ferias.

Entonces nosotros lo que vimos es que en México había un sustrato de gente fantástica, como apasionada, que tenía conocimiento, curiosidad, que había recursos económicos en determinada gente, entonces dijimos, este es el lugar para hacer algo que por primera vez sea un salón regional o local donde sea B2C, al cliente final. Y en la industria no se entendía mucho, porque ¿cómo vais a hacer un salón para invitar a clientes? Y dijimos, sí, ya hemos hecho cosas, reuniones, ya ha funcionado muy bien y vemos que cada vez hay más. Entonces yo creo que en México lo que nos estimuló de entrada fue el potencial de la gente en un país que en aquel entonces estaba como muy emergente en el lujo, porque cambió radicalmente en 20 años, pues que era el lugar donde había que empezar con una cosa como el SIAR.

En un mundo donde prácticamente todo puede reproducirse, ¿qué convierte un reloj en una verdadera obra de arte y no en un objeto solamente costoso?

Bueno, yo creo que hoy en día estamos todos en una nube digital, y digo nube no solo nube de hosting arriba, sino que vivimos como en una catarsis donde no sabemos qué va a ser de nuestras vidas con la inteligencia artificial, todo es touchable, pero todo es digital, entonces es como irreal, ¿sabes? Entonces yo creo que los humanos nos estamos perdiendo mucho como de saber en esa maleza de caos que hay, abrir así y encontrar las cosas esenciales, porque la vida no cambia mucho, y los valores de la gente y lo que tiene valor, las relaciones humanas, el trato, entonces el reloj tiene la virtud de que es una cosa inservible que lleva 400 años siendo querida por los humanos. Bueno, ahora es más inservible, antes sí era servible porque era un objeto para medir la presión cuando se buceaba, las estaciones de tren tenían que ser precisas para que no chocaran los trenes, o sea, antes era un instrumento.

Desde que llega la digitalización y la cosa electrónica que es más precisa, en los 70, pues se vuelve como un objeto emocional que llevas y que ahora la ves en todos lados menos en el reloj, entonces es como un accesorio que tiene contenido mecánico. Entonces yo creo que eso es la magia del reloj.

La magia del reloj es que, bueno, ¿qué diferencia una joya de un reloj? Pues que una joya es diseño puro y valor, o sea, estética y valor del componente, si es oro, piedra, zafiro, rubí. El reloj además tiene como onda de contenido filosófico, porque es el tiempo, las funciones, la astronomía, si la ecuación del tiempo para decirte que la Tierra no es redonda y entonces en determinadas fechas del año el día es más corto o más largo de 24 horas. O sea, tiene como algo de este tipo.

Y cuando la frase que dicen siempre de que lo más valioso que tenemos es el tiempo, porque todo lo demás es materia, pero el tiempo es lo que te queda para estar en la Tierra, entonces hay que evaluar cada minuto. Y cuando ese objetito es testigo de tu tiempo, por eso dice, se lo paso a mi hijo o a mi nieto, porque es el testigo de tu tiempo que es lo más valioso que tienes. O sea, tiene ese tipo de componentes que yo creo que es lo que lo hace mágico que generaciones tras generaciones siguen comprando el objeto caro e inútil porque algo le da buena vibra y encima hay mucha artesanía y mucha dificultad para montar un reloj, un reloj bueno.

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Construir algo durante 20 años inevitablemente transforma a su creador. ¿Qué parte de Carlos existe hoy gracias al SIAR y qué parte de ti has tenido que sacrificar para llevarlo donde está?

Pues que cuando empecé era todo pura teoría y pura ilusión. Cuando eres joven estás dispuesto a sacrificar muchas cosas porque se den las cosas. Hoy en día, al final, hay mucho factor colateral que a veces dificulta lo que hacemos, de todo tipo.

Porque cuando involucras a tanta gente, tantas marcas y tantos intereses, pues a veces ves como que hay demasiada gente utilizando el SIAR para un bien propio, solo, exclusivamente. Y cuando te das cuenta de que el SIAR es como un circo que jala de muchos negocios, de mucha gente, es marca México, en relojería mundial. O sea, son muchas cosas y todavía hay como demasiada gente empeñada en, a ver, yo voy al SIAR pero solo si saco esto y esto y esto de Return on Investment, ¿no?

Entonces yo creo que a veces no se está viendo lo que hemos montado entre todos, porque nosotros pusimos el primer paso, pero la gente que viene, la nueva generación, todos los periodistas, los influencers, los medios, los coleccionistas, los revendedores, los malls, aquí viene todo, toda la gran familia relojera del país. Entonces hoy hemos creado una cosa grande. Entonces no la veas solo por su efecto que te beneficie a ti, vela como una cosa que jala de todo, una industria y derrama puestos de trabajo, y no sé, ilusiones.

El lujo siempre ha estado relacionado con lo inaccesible. Desde tu perspectiva, ¿qué crees que es su verdadera evolución? ¿Crees que su verdadera evolución consiste en preservar la exclusividad o en encontrar nuevas formas de generar significado o emoción?

Yo creo que las formas de generar significado y emoción. Que cuando cada uno logra en el mundo relojero, por ejemplo, que este mundo y estos objetos o estas marcas o pertenecen a unas experiencias o a determinados clubes, te genere emoción, pues es un lujo. Digamos que el lujo acabaría siendo una consecuencia.

Pero yo creo que la emoción y los valores intangibles tienen que estar de entrada, no de salida. Porque el lujo tiene que ser una consecuencia de algo mucho más valioso, mucho más personal y a veces inmaterial. Entonces la exclusividad, si todos los humanos somos capaces de ser felices con el lujo, fantástico, será masivo, pero no es tan fácil.

Entonces yo creo que asimilar el lujo a objetos caros, inaccesibles y tal, es lo que es, porque hay artesanos, costureros, gente haciendo vino de forma muy detallada y laboriosa y eso es caro siempre, en tiempo hombre, recursos y todo. Pero no solo es eso. Yo creo que no solo es eso.

Hay una diferencia entre organizar un evento y construir una institución cultural. ¿En qué momento comprendiste que el SIAR había dejado de ser únicamente un salón de relojería para convertirse en algo mucho más grande?

Porque lo vi, otra vez vuelvo a lo mismo, con la gente. Porque todos los socios, vamos a llamarlo entre comillas, o sea los que lucran del sector relojero, o sea joyeros, distribuidores, importadores, etc. Lo veían desde el punto de vista material y entonces esos son los que ven muy de que me da resultado, gano más, gano menos, incremento ventas.

Pero yo veía que la gente se ilusionaba progresivamente e iba bajando la edad de la gente que se ilusionaba. Entonces ahí es donde te das cuenta de que el salón trasciende el fenómeno comercial y empieza a ser una cosa que impacta en una sociedad y que derrama cultura y que obviamente en proceso va a haber nuevos consumidores, amigos que traen a otros amigos y son… Entonces es…

O sea, tiene casi como un aspecto, no sé, como diría, casi como religioso, ¿entiendes? Porque la gente ya no solo viene, o sea, empieza a presumir que viene, que es un mundo mágico, que ha descubierto un relojero, una marca, una historia y trae a alguien más para compartirlo.

Entonces ahí fue donde empezamos a darnos cuenta de que la gente es la que la estaba convirtiendo en un fenómeno en México.

Y hoy en día México… O sea, mira, ayer estuvo aquí la señora, la directora mundial de Deloitte, de análisis de mercado, que hace unos análisis del sector del lujo y es la segunda vez en… O sea, siempre Deloitte desde Suiza solo hace un país, un estudio monográfico sobre un país de la relojería.

Hace tres años fue la India, porque la India es un fenómeno por la gran población que tiene y las condiciones que se están dando allá para que vaya creciendo muy rápido el sector relojero. Y el año pasado fue México y este año volvió a ser México. O sea, la primera vez que en México dos años monográficos.

Y, bueno, pues todo el mundo habla de que ahora la India-México pues son como los dos países que hay que ponerles toda la atención porque es un laboratorio de experimentación por eso de la juventud, porque siguen creciendo las marcas independientes. O sea, porque no ha tocado techo. Y yo creo que de venir sembrando 20 años yo creo que se empieza a notar, pero es la gente la que hace la diferencia.

La alta relojería ha construido gran parte de su identidad alrededor de la tradición. ¿En qué momento preservar un legado puede convertirse en una limitación para la creatividad? ¿Y cómo encuentras ese equilibrio dentro del SIAR?

La tradición nunca tuvo que ser un obstáculo para la creatividad, ¿sabes? O sea, si por algún azar del destino otra vez se vuelve a poner de moda la pintura clásica como en el Renacimiento y la gente empieza a pintar hiperrealista y cosas, escenas religiosas. No se sabe, a lo mejor en 20 años eso vuelve a ponerse de moda.

O sea, yo no creo que haya que limitar de que el pasado es pasado y eso ya no sirve para el futuro. O sea, yo creo que es todo siempre un ciclo continuo, evolutivo, que no está enfrentado. En el mundo de la moda lo vemos perfectamente.

Cuando se vuelve a poner de moda la ropa de los sesenta y los setenta y luego otra vez de los ochenta y luego vuelve para adelante y luego va para atrás, siempre es como un reciclaje y se van incorporando cosas que son del 2010, del 2020. O sea, porque no es que solo vivimos del pasado reciclándolo, vivimos de que el futuro aporta cosas. Pero siempre tiene que estar en un discurso flexible, continuo y amigable entre pasado, presente y futuro.

Entonces, la relojería, te digo, si es un arte que lleva el famoso tic-tac, el balance haciendo tic-tac, que es trasladar la física de un péndulo a una cosa pequeña, que es el tic-tac, ¿no? En vez del tic-tac de un péndulo. Y no ha cambiado esa física en 400 años.

Y todos estamos aquí como locos en el 2026 viendo relojitos. Entonces, es la mejor prueba de que tiene que ser continuo y a lo mejor ahora tienen más diseño y más emoción en los relojes y más celebrities y más películas de Hollywood y más embajadores en el mundo de la moda y del deporte y de Jeff Koons haciendo un reloj. O sea, esto es fantástico, pero los relojes son como eran antes en su esencia, o sea, continuidad.

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En una industria donde la precisión es una obsesión, ¿qué lugar ocupa la imperfección humana? ¿Puede una irregularidad artesanal convertirse en la expresión más auténtica de lujo?

Vuelvo a lo mismo. En el parteaguas de la crisis del cuarzo, los que empezaron a comprar relojes caros, digamos, alta relojería en los años 80, ya se olvidaron de que un reloj caro y bueno y de buena marca tenía que ser preciso. O sea, tú das por hecho que cuando compras un automóvil, no sé, voy a decir un Ferrari, pues, hombre, los amortiguadores aguantan los hoyos, ¿sabes?

Tiene cosas de seguridad por si chocas, o sea, tiene la funcionalidad, pero ya no te compras un objeto de lujo como un reloj para que sea muy preciso. O sea, valoras la estética, valoras las horas metidas para desarrollar algo único, valoras… Bueno, la precisión a veces sí, porque a veces te dicen, bueno, es un cronómetro, aparte de que es un reloj, es un cronómetro, quiere decir que ha sido creado para soportar análisis en un observatorio sobre precisión o en un laboratorio, ¿no?

Pero no es todo. Entonces, yo creo que hoy por hoy la mayoría de la gente que compra grandes relojes totales sabe que cuanto más complejo, más artesanal y más valor tiene por lo único de lo artesanal, no le tienes que exigir demasiada, demasiada precisión. Y no quiero hablar de casos concretos, pero relojes que sé que valen millones de dólares en subasta.

Ayer estaba hablando con un relojero que hace una función que se llama la resonancia, que tiene que ver con ecualizar precisión con dos órganos reguladores. Me estaba hablando de que, bueno, pues eso es ahora como el santo grial de los coleccionistas, porque valen millones de dólares una marca concreta que hace resonancias. Él me dice, lo que la gente no sabe es que para ecualizar, como un reloj va en movimiento, y haces así, y haces, cada vez, si lo pones en una mesita tal, se ecualiza y es perfecto.

Pero cuando está en movimiento en la vida, cada movimiento, cada giro, lo desregula, porque la vibración hace que, y luego lo tienes que dejar tranquilo para que poco a poco se vaya él solito ecualizando. Entonces te dice, pues fíjate que pagamos lo más de lo más por la absoluta imprecisión. Entonces ya está respondido eso.

Hoy el lujo parece debatirse entre la discreción absoluta y la necesidad de ser visto, ¿consigues que el verdadero conocedor busque una pieza para comunicar quién es o para conservar algo que únicamente él comprende?

Sí, para las dos cosas. Pero, o sea, yo creo, mira, el lujo tiene que tener, a ver, y no lo podemos despiritualizar de cierto blin blineo, ¿sabes? O sea, de cierta egomanía, y de estatus, y de comunicar, mira lo que tengo y lo que cuesta para que tú lo sepas que yo lo llevo.

No lo puedes sacar, aunque no sería lo ideal, pero hoy en día, si lo vuelves de pura gente intelectual que entiende el valor de cada cosa, de que haya involucrada ahí y todo el trasfondo histórico, si todo, el lujo se muere. O sea, necesitamos que haya sensualidad, que haya egocentrismo, que haya blin blineo y que haya gente que quiera presumir de cuánto vale por el objeto que le representa y la marca que le representa. Entonces, cuando la gente dice que eso está fatal, es que es así.

Forma parte de esta ecuación, con todo, ¿no? Mejor que lo entiendas a que solo sea un objeto de presumir, pero así es. El cine, las pasarelas, están llenos de eso, ¿no?

Las celebrities, todos queremos emular porque son más guapos que nadie y tienen mejores parejas que nadie y son un reflejo social. Entonces, yo creo que el lujo tiene todos esos componentes y qué bueno que es una mezcla de tantas cosas.

Si pensamos en el SIAR como una obra que has construido a lo largo de los 20 años, ¿qué parte de tu propia visión del mundo quisieras que permaneciera cuando tú ya no estés al frente?

Pues yo quiero que siga siendo útil para el propósito. Por ejemplo, lo que digo, un salón agita toda una industria, a mucha gente, agita socialmente, genera curiosidad, educa, o sea, sigue transmitiendo una imagen de que la relojería es un fenómeno, una cosa que pasa, un acontecimiento donde la gente quiere pertenecer de alguna forma. Entonces, bueno, yo lo que quiero es que el SIAR siga siendo una cosa que haga su función en ese sentido.

Habrá otro director, habrá otro equipo, habrá otro formato, pero cuando haces algo y que ha sido útil durante tanto tiempo, pues yo siento que o viene otra cosa que lo supera y lo mejora y lo adapta y bendito sea el asunto, o si no, convertirlo en una cosa personalizada solo porque lo han hecho ciertas personas o ha respondido a ciertos intereses y ya, y ahí se queda, pues sería una pena, ¿sabes? Entonces yo confío en que el que venga o quien venga lo sepa adaptar para que siga otros 20 años con otro formato haciendo el mismo factor de convertir el acontecimiento de los relojes en México.