¿El fin del hombre aspiracional?

EL FIN DEL HOMBRE ASPIRACIONAL

Durante mucho tiempo, la moda masculina dibujó el mismo personaje. El hombre que siempre tenía el control. El del traje impecable, el reloj de lujo y esa vida que, durante años, nos hicieron creer que todos debíamos aspirar a tener.

Ese personaje sigue existiendo, pero ya no ocupa el centro del imaginario.

Las colecciones que dejaron París y Milán este año hablan de hombres muy distintos entre sí. Jonathan Anderson sigue encontrando en Dior un equilibrio entre la historia, la artesanía y una forma mucho más libre de vestir. Sarah Burton debutó en Givenchy con una colección donde la sastrería conserva toda su precisión sin sentirse rígida ni aburrida, Prada continúa encontrando valor en lo cotidiano, mientras Grace Wales Bonner sigue construyendo desde la memoria y la musica.

Lo que más me gusta de este momento es que cada diseñador propone un universo diferente, y esa diversidad ya no se queda sobre la pasarela. También se ve en la calle. Los hombres han cambiado la forma en la que se visten, consumen y construyen su identidad. Hay códigos que permanecen y probablemente siempre lo harán. Ahí nacen los clásicos. Pero también hay mucho más espacio para experimentar, mezclar referencias y descubrir un estilo propio.

Hace algunos años esas diferencias estaban mucho más marcadas por la música que escuchabas, el trabajo que tenías o el grupo al que pertenecías. Hoy esas fronteras son mucho menos evidentes. Es normal encontrar a alguien que combine referencias completamente distintas sin sentir que tiene que responder a una sola etiqueta. Los gustos siguen estando ahí, pero ya no funcionan como una regla.

Esa conversación también aparece en este editorial protagonizado por el modelo Diego Aguas.

No encontré a un hombre inalcanzable o una imagen construida para representar poder o éxito. Encontré a alguien que habita la ropa. Las cuerdas, la sastrería, los accesorios y el movimiento, todo fluyendo de formar orgánica, como si cada cosa ocupara el lugar correcto.

Cuando vuelvo a pensar en las colecciones que dejaron París y Milán, encuentro esa misma libertad. Dior no propone el mismo hombre que Givenchy. Prada tampoco se parece a Grace Wales Bonner. Cada diseñador construye un universo propio y, por primera vez en mucho tiempo, ninguno parece tener la necesidad de responder a una única idea de cómo debería vestir un hombre.

No hubo, ni hay, una sola forma de vestir a un hombre. Hay muchas. Y todas encontraron su lugar esta temporada.