Xocoholics: la historia de las hermanas que convirtieron el chocolate en lujo

XOCOHOLICS: EL ARTE DE CONVERTIR COHOCOLATE EN DESEO

Para Brenda y Eunice Uvence Guerrero, el chocolate nunca termina en el sabor. Las hermanas detrás de Xocoholics han convertido un oficio aprendido en familia en un universo de bombones pintados a mano, sabores construidos desde cero y piezas pensadas para provocar deseo antes del primer bocado. Su historia atraviesa el retail, una boutique, la reinvención después de la pandemia y colaboraciones con firmas de lujo, pero conserva una misma obsesión: demostrar que el chocolate puede ser objeto, regalo, memoria y experiencia.

Por Emilio Gala

Brenda y Eunice crecieron cerca del cacao gracias a su padre y convirtieron ese conocimiento familiar en un proyecto que, antes de llegar a la bombonería fina, pasó por chocolates de mesa, tiendas gourmet y grandes cadenas. “Iniciamos desde hace muchísimos años porque fue un tema familiar. Nuestro papá nos enseñó primero a trabajar con el cacao y el chocolate, y de ahí empezamos a formalizarlo. Vendimos en tiendas gourmet. Nosotras siempre tuvimos las ganas de hacer bombonería porque veíamos muchísimas más posibilidades.”

Ninguna estudió chocolatería como carrera. Una se formó en mercadotecnia y la otra en administración de empresas, pero ambas se capacitaron mientras utilizaban como punto de partida todo lo que ya conocían sobre el cacao. El cambio hacia la bombonería significó descubrir que el chocolate también podía ser un medio creativo. “Cuando empezamos con los bombones y con cosas más bonitas y vistosas, descubrimos todas las posibilidades que había para crear sabores y presentaciones. Fue entonces cuando dijimos: queremos nuestra boutique, queremos una tienda para vender directamente al público. Ya necesitábamos algo nuestro.”

FOTO CORTESÍA DE XOCOHOLICS

DEL CHOCOLATE A LA EXPERIENCIA

La boutique llegó en 2018, dentro del complejo del Hard Rock Hotel en Guadalajara. Allí comenzaron a recibir encargos para eventos y empresas, descubriendo una parte del negocio que terminaría siendo esencial: hacer algo diferente para cada cliente. “Nos gustó muchísimo porque era un trabajo diferente cada vez. Empezamos a trabajar mucho más la personalización y cada pedido se convirtió en algo nuevo.”

Esa experiencia comienza antes de probar cualquier cosa. La apariencia del bombón, la caja y hasta aquello que sucede al retirar el empaque forman parte del producto. “Hay personas que nos han dicho: ‘es que esto parece una joya, no me lo quiero comer’. Nos dicen que el estuche está hermoso, que no lo quieren tirar, que lo guardaron y lo reutilizaron. Para nosotras, cada detalle tiene que estar perfectamente cuidado para que la experiencia sea completa. Queremos que la reacción sea: ‘wow, me impresionó; wow, me sorprendió’.”

HECHO A MANO

Los bombones se realizan artesanalmente y cada pieza puede pintarse a mano con aerógrafo. Uno de los grandes retos para Brenda y Eunice fue encontrar el espacio donde ese proceso pudiera valorarse más allá del precio. “Cada uno de los bombones lo hacemos a mano, se pinta a mano, utilizamos aerógrafo. Es un trabajo artesanal que al final se transforma en algo que incluso podría parecer que no lo es.”

Y cuando finalmente llega el momento de romper esa superficie perfecta, comienza la segunda mitad de la experiencia. “Nos encanta el factor sorpresa. Primero lo ves y dices: ‘qué bonito, no me lo quiero comer’. Pero finalmente lo pruebas y entonces es: ‘además está increíble’. Nos dicen mucho que nuestros sabores son muy fuertes, como una explosión. Todo lo hacemos con productos naturales: si es maracuyá, utilizamos fruta de maracuyá; usamos romero, hierbabuena, licores… No metemos saborizantes artificiales. Queremos que realmente sientas el sabor.”

A LA MEDIDA

Esa obsesión por los detalles también ha llevado a Xocoholics al universo de las firmas de lujo. Para Bulgari, por ejemplo, desarrollaron un sabor que no existía previamente dentro de su catálogo. “Nos dijeron que querían caramelo salado y nosotras no teníamos ese sabor. Entonces dijimos: va, lo desarrollamos. También hicimos el color azafrán que utilizan ellos. Creamos el sabor específicamente para Bulgari y ahora trabajamos con ellos de manera regular.”

La capacidad de construir algo desde cero resume buena parte de su filosofía. A veces comienza con un sabor; otras, con un color, una temporada o simplemente una idea que todavía no saben cómo ejecutar. “Mucho nace de la imaginación. Piensas: quiero este sabor, ¿cómo debería saber?, ¿cómo debería sentirse?, ¿necesita alguna textura?. Creemos que con el chocolate puedes hacer muchísimas cosas.”

FOTO CORTESÍA DE XOCOHOLICS

DESPUÉS DEL “WOW”

La historia tampoco ha sido lineal. La pandemia obligó a cerrar definitivamente su boutique; después llegó una pausa ligada a la maternidad y, finalmente, una reinvención online. Como Brenda y Eunice siguen estando involucradas directamente en prácticamente todo el proceso, crecer también ha significado decidir qué clase de empresa quieren ser. “Nosotras somos las que hacemos todo, todo, todo. Tenemos gente que nos apoya, pero realmente somos nosotras las que estamos al pie del cañón. Cuando vimos que volver a poner una boutique física no era lo más viable, buscamos hacerlo online. Es completamente diferente a como iniciamos y el modelo de negocio cambió por completo, pero ahora sí sentimos que estamos donde queremos estar.”

Quizá por eso resulta difícil definir Xocoholics únicamente como una chocolatería. Después de tantos años, el producto sigue siendo chocolate, pero lo que Brenda y Eunice intentan provocar alrededor de él es mucho más amplio.

Y ellas mismas encontraron la mejor manera de explicarlo: “No vendemos chocolate. Estamos vendiendo una experiencia, algo que va mucho más allá de venderte algo dulce. Nos encanta hacer cosas nuevas, inventar, imaginar. Ese camino de estar creando constantemente es lo que nos mueve.”

Primero aparece la caja. Después el color. Luego esa pequeña duda de si algo tan bonito debería comerse. Finalmente llega el sabor. Ese instante entre mirar y probar es exactamente donde vive Xocoholics.