Ana de la Reguera: cine y la vida real detrás de cámaras

ANA DE LA REGUERA: LUCES, CÁMARA Y VIDA REAL


Actriz, directora, escritora, ícono latino y cómplice de la cultura pop. Ana de la Reguera no solo habita los personajes que interpreta, también los transforma. En esta conversación íntima, habla de su nuevo proyecto Un hombre por semana, del vértigo de dirigir, de las apps de citas, de la soledad, la amistad y del lujo más verdadero: el tiempo. Realización: Luis Téllez y Adaptación: Emilio Gala.


Créditos:
Director editorial y realizador: @gerardangulo
Fotografía: @frances.rou
Maquillaje: @beredelarosamakeup
Peinado: @erickmoreno
Asistente de moda: @ser.mua y @josss.cl
Producción: @_yulietd
Entrevista: @luistellez
Adaptación: @e.gala_

LA VIDA ENTRE ESCENAS

El año de Ana de la Reguera ha sido, como ella misma dice, “una entrega devota” a Un hombre por semana, la película que codirige y protagoniza. «Esta es la primera entrevista que hago de manera formal al respecto de la película», confiesa con emoción. Este filme no solo marca un hito profesional para ella, sino también personal: «Me he dedicado un año entero a esta película y esta noticia ha tenido que permanecer guardada». 

No es su primera vez detrás de cámaras. En su serie Ana, ya había tomado el rol de showrunner, escritora y directora, aunque más por necesidad que por planeación: «Me quedé dirigiendo el resto de la tercera temporada. Ya estaba rodada casi la mitad y nos quedamos sin director; pensamos que se había sentido mal ese día, se fue y yo me quedé dirigiendo esas escenas».

Body, Intimissimi; Falda, Margo y Aretes, Louis Vuitton.
Vestido, Urban Palais y Falda, Nicteel.

ÍDOLOS, BAILE Y LA OTRA ANA

Hablar con Ana es cruzar sin aviso de la anécdota divertida a la reflexión honesta. Este año regaló momentos icónicos: bailó en “la casita” de Bad Bunny en Puerto Rico y compartió la tradicional comida mexicana con Pedro Pascal y Omar Apollo en San Ángel Inn. Pero lejos de la pose de celebridad, lo que conmueve es su risa franca: «Y decían que yo no era fan. No, amigos, ¡yo soy de Veracruz! Crecí escuchando reguetón; entonces, para mí, nunca ha sido eso de que “yo entré a este movimiento”, para mí el reguetón ya era “el reguetón”. Lo bailaba en la discoteca desde los catorce o quince años, siempre fue parte de mi vida. Y de Bad Bunny soy fan desde alrededor de 2018». 

Su admiración por la energía latina es genuina y la define como quien conoce el corazón del asunto: «Considero que nosotros gozamos la vida. Vamos a un concierto no solo a ver al artista, sino también a divertirnos y a brindarle nuestra energía. Los latinos, en un concierto, vamos a compartir esa energía: a dársela y regalársela a ese artista que amas». Por eso, no dudó en volar a Puerto Rico para ver a Benito en vivo: «Era muy bello, te hacía llorar; pero no por ser su fan, sino por la energía que transmitía la gente».

Top, Rabanne; Culotte, Intimissimi y Medias, Calzedonia.

DIRIGIR DESDE LA ENTRAÑA

Un hombre por semana no estaba en sus planes. De hecho, lo rechazó sin leer el guion. Pero cuando Marco Polo Constandse, su codirector, le compartió el proyecto y pidió su retroalimentación, todo cambió: «Leí el guion y dije: “Quiero actuarla, sí o sí. Me muero de ganas por hacerla y me encantaría dirigirla”. Sentía que ese personaje representaba lo que yo estaba viviendo». 

Esa identificación con el personaje no era casual: «Nos basamos un poco en mi experiencia para el guion, especialmente en detalles que agregamos en posproducción, que yo la estaba viviendo, yo le decía a Polo: “¿Por qué ponen esa foto?”. Los hombres no saben poner fotos». 

Dirigir también le cambió la mirada como actriz: «Uno como actor puede ser un poco egoísta, porque solo estás pensando en tu personaje, en lo que necesita, en lo que quiere… No te das cuenta de que es un trabajo colectivo cuando lo ves solo desde tu punto de vista». 

Total Look, Prada.
Body, Intimissimi; Pantalón, Alejandra de Coss y Zapatos, Chanel.

AUTONOMÍA, APPS Y ESPEJOS

El tema central de la película parece ser el amor en la era digital, pero Ana lo redefine con más claridad: Un hombre por semana no es sobre encontrar pareja, sino sobre encontrarse a una misma. Su relación con las apps de citas ha sido honesta y sin culpa: «Siento que hay un poco de vergüenza y estigma al usarlas, al querer conocer a alguien, sobre todo a mi edad. También creo que la app tiene sus pros y sus contras. Me gusta mucho usarla porque es una manera de conocer a alguien, pero también tiene sus riesgos: es muy vulnerable estar en una de esas citas; es un acto valiente. La película tiene muchas capas en cuanto a reconocer la soledad, el miedo y a quedarte con lo que piensan de ti». 

En este punto, su voz se vuelve aún más íntima: «La verdad es que me caigo bien y siento que las mujeres nos estamos convirtiendo en los hombres con los que queremos estar. Me doy cuenta mucho cuando salgo con mis amigas: “¿A qué restaurante vamos, amiga? ¿A dónde te llevo? Yo te invito, yo te llevo”. Te consientes, te la pasas bien. Ese cuidado que tenemos con nuestra familia, nuestros amigos o quien sea es el cuidado que también quisiéramos recibir». Ese espejo también fue parte del rodaje. A veces los actores reciben personajes que los escanean: «Sentía que yo lo había escrito», comenta Ana. La película fue un reflejo perfecto del momento que vivía. A veces, el arte llega antes que la comprensión. 

Al final de la conversación, la pregunta sobre el lujo se vuelve inevitable. Pero Ana le da un giro brillante: «Para mí, el lujo no me parece banal. Me parece una manera de expresión». Detrás del lujo hay diseño, trabajo, industria. Es una forma de transmitir algo. Pero cuando se le pide nombrar el lujo más grande de la vida, su respuesta es tan humana como contundente: «El tiempo es el lujo más grande que tenemos, como el tiempo con nuestra familia, el que uno pasa con sus amigos… y se nos va tan rápido. Es lo que más aprecio y lo que más cuido. A veces lo que más me enoja es que alguien me haga perder el tiempo». 

Quizá por eso Ana de la Reguera vive con intensidad cada escena, cada set, cada encuentro, cada historia escrita, dirigida o actuada. Porque sabe que no hay toma dos. Porque entiende que estar presente es la verdadera forma de hacer cine y de hacer vida.