Ludwika Paleta: arte, familia y la visión de una actriz icónica

LUDWIKA PALETA: IDENTIDAD, TRABAJO Y LO QUE REALMENTE IMPORTA

Actriz desde la infancia, heredera de una profunda sensibilidad artística y una de las figuras más queridas del entretenimiento mexicano. Ludwika Paleta llega a las páginas de NOIR envuelta con joyas de Cartier que enaltecen ese brillo que ha construido a través de una carrera sólida marcada por la disciplina, la elegancia y una identidad forjada entre sus dos países, México y Polonia. 

Con décadas frente a las cámaras y los pies bien puestos en la tierra, Ludwika Paleta mira su trayectoria con claridad y honestidad. En conversación con NOIR (envuelta en joyas de Cartier), nos habla sobre identidad, maternidad, nuevas generaciones y aquello que, con los años, ha aprendido a valorar por encima de todo. 

Créditos:
Director editorial y realizador: @gerardangulo
Fotografía: @frances.rou
Maquillaje: @beatrizcisneros
Pelo: @erickmoreno
Asistente de moda: @vale.marino_
Producción: @_yulietd
Entrevista: @luistellez

Hay pocos nombres en la escena del entretenimiento mexicano que cautivan con solo ser pronunciados. Ludwika Paleta es uno de ellos. La actriz de origen polaco ha estado frente a las cámaras prácticamente toda su vida y puede presumir seguir siendo una de las grandes consentidas del público mexicano. Nació un 29 de noviembre en Cracovia, la antigua capital de Polonia y una de sus principales ciudades, en el seno de una familia profundamente artística: su padre, Zbigniew Paleta, es violinista; su madre, Bárbara Paciorek Kowalowka, maestra en arte; y su hermana, Dominika Paleta, también actriz.

“Definitivamente hay mucha herencia artística de mis padres. Crecí en una casa llena de arte, de libros, de música, de artistas, de escritores. En las fiestas y en las reuniones en mi casa se escuchaba hablar de libros, de obras de teatro, de música, de puestas en escena, de museos… nunca de números, ni de política, ni de administración de empresas, ni de nada de eso que a mí me parece muy ajeno. Así que definitivamente la herencia de mis padres está en lo que dedico hoy mi vida y mi profesión”.

Vestido, Raquel Orozco; Joyería, Cartier y Tocado, propiedad del estilista.
Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Joyería, Cartier y Total look, Adolfo Domínguez.
Vestido, Raquel Orozco y Joyería, Cartier.

Llegó a México desde muy niña, tras una oferta de trabajo que recibió su padre. Pero el nombre y el idioma no fueron lo único que echó en la maleta y que aún conserva. “Tengo mucho de polaca, siento yo. Al haber nacido allá y al ser mis padres polacos, siento que tengo una educación bastante polaca y una combinación de mexicana, porque al final tengo toda mi vida viviendo en México. Además de hablar polaco con mi papá —que todavía lo tengo— hago un gran esfuerzo por seguir manteniendo el idioma, porque no es fácil y porque es la única persona con la que lo hablo. Hay muchas tradiciones que seguimos en Navidad. Además trato de ir a Polonia por lo menos una vez al año, si no es que dos o tres cuando se puede. Todavía tengo un departamento allá, muchos amigos, y me gusta mucho ir. A mis hijos les gusta mucho; a Emiliano le fascina. Cracovia es una ciudad que queremos mucho y a la que buscamos volver cada que se puede”.

Al tocar tierra mexicana, su carrera comenzó casi de inmediato. Fue con el inolvidable papel de María Joaquina en la telenovela infantil Carrusel (1989) y más tarde en El abuelo y yo, junto a Gael García Bernal o en Amigas y Rivales, que se convirtió en una figura profundamente querida del espectáculo mexicano y ese lugar no se lo quita nada ni nadie.  “Creo que ha sido una combinación de cosas: mucho trabajo y mucha suerte, porque he tenido la suerte de tener mucho trabajo y ese trabajo lo he aprovechado. Siento que desde niña aprendí a trabajar y tengo una ética de trabajo que, por ejemplo, no veo en los jóvenes de hoy. Siento que si algo les falta justamente es saber trabajar, saber ganarse las cosas, saber diferenciar entre lo que te ‘mereces’ y lo que realmente te ganaste como consecuencia de tu esfuerzo”.

Vestido, Ivan Avalos; Joyería, Cartier y Tocado, propiedad del estilista.
Total look, Adolfo Domínguez y Collar, Cartier.
Vestido, Femgraphy y Joyería, Cartier.
Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Maquillaje, Beatriz Cisneros; Peinado, Erick Moreno; Asistente de foto, Alejandro Céspedes; Asistente de moda, Valeria Mariño y Producción, Yuliet Delgado.

Además de ser mamá de uno de los talentos que prometen dominar la industria, Nicolás Haza, en ¿Quieres ser mi novia? —la divertida secuela de ¿Quieres ser mi hijo? y su proyecto más reciente— comparte pantalla con Juanpa Zurita y Harold Azuara. Estar tan cerca de esta nueva generación la lleva inevitablemente a cuestionarse cómo se está transformando hoy la idea de ser “artista” y “famoso”.

“Me cuesta trabajo discernir entre lo que está pasando en el mundo del espectáculo —o del mundo artístico— y lo que son las redes sociales y la fama. Tengo muy poco clara la diferencia y siento que los chavos hoy en día la tienen complicada por el exceso de gente que quiere ser ‘famosa’ o ‘artista’, la cantidad de creadores de contenido y la cantidad de gente que simplemente sale a ser ellos y a compartir sus vidas. Vivimos en un mundo donde pasan muchas cosas a la vez y es fácil confundirse entre quién eres en la vida real y quién eres tú, ese que se comparte en las redes. Sin duda es un momento difícil, diferente”.

En el noble oficio de la actuación, es común que los actores encuentren espejos personales y se enfrenten a sus propios demonios. Paleta, sin embargo, parece hacerlo a la inversa. “Siempre me identifico un poco con mis personajes… o más bien al revés: siempre tomo a los personajes y les doy algo mío. Y yo creo que Lu tiene esa parte mía juguetona, divertida, que a veces quisiera volver a tener 20 años y divertirse como cuando no tenía tantas responsabilidades, cuando todo parecía mucho más fácil y cuando te querías comer el mundo de un bocado”.

Body, Etam; Pantalón, Marika Vera; Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Joyería, Cartier y Total look, Adolfo Domínguez.
Vestido, Femgraphy; Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Accesorios, propiedad del estilista y Joyería, Cartier.
Maquillaje, Beatriz Cisneros; Peinado, Erick Moreno; Asistente de foto, Alejandro Céspedes; Asistente de moda, Valeria Mariño y Producción, Yuliet Delgado.
Vestido, Femgraphy y Joyería, Cartier.

A pesar de llevar décadas en el mundo del espectáculo, Ludwika no da por sentado el poder —y la responsabilidad— de contar historias. “Creo que como figuras públicas, celebrities o modelos a seguir, siempre tienes una responsabilidad. Hay mucha gente que te ve, que te sigue, que te escucha. Sí puedes mover a muchas personas y eso conlleva una responsabilidad. No sé hacia dónde vaya todo esto ni como vaya a ser la de las generaciones venideras porque el mundo está cambiando tan rápido que ni siquiera me imagino cómo será en 10 años, cuando la inteligencia artificial nos sobrepase. Pero me gusta pensar que seguiremos existiendo quienes trabajamos con los sentimientos, con el humanismo y con las cosas que no se pueden reemplazar”.

Actriz, madre, esposa, productora… Hoy, la faceta que protagoniza su propia historia es la segunda. “En este momento, sin duda, mi faceta como mamá. Mis niños están pequeños y están creciendo, y me parece importante que tengan una mamá presente, dedicada, amorosa, involucrada en todo lo que tiene que ver con su crianza y desarrollo”. Más allá de las grandes joyas o de las mieles que puede traer la fama, Ludwika encuentra en el tiempo y en la salud —mental y física— el mayor de los lujos. “Cada vez me convenzo más de que mi trabajo es algo que me apasiona y que quiero hacer toda la vida, pero está en un segundo plano. Mi familia, mis amigos y mi pareja son lo que más valoro”.