Juani Zalazar habla de su carrera, Corea del Sur y su debut como actor

JUANI ZALAZAR: A NEW CHAPTER

De Argentina a Corea del Sur y, finalmente, a México. Modelo, creador de contenido y ahora actor en formación, Juani Zalazar ha construido una carrera marcada por una sola regla: nunca quedarse quieto.

Hay personas que esperan el momento perfecto para perseguir la vida de sus sueños. Juani Zalazar nunca fue una de ellas. Argentino de nacimiento, pasó parte de su infancia en Santiago de Chile antes de regresar con su familia a un pequeño pueblo de Mendoza. Allí comenzó a estudiar Medicina, pero una sesión improvisada de fotos terminó por cambiar el rumbo de su vida. Después cruzó el mundo para instalarse solo en Corea del Sur, en plena pandemia, sin hablar el idioma y con más incertidumbre que certezas. Finalmente, llegó a México con un boleto de regreso que jamás utilizó.

Su historia no está construida sobre golpes de suerte, sino sobre una constante: cuando aparece una oportunidad, la toma antes de que el miedo tenga tiempo de alcanzarlo. «Siempre fui muy aventado», dice. Y basta escuchar su recorrido para confirmar que no es una frase al azar. Desde muy joven entendió que, si quería construir una carrera como la de Cameron Dallas, su principal inspiración, tendría que salir del lugar donde estaba, de aquel pueblo mendocino donde el horizonte parecía terminar demasiado pronto.

Todo comenzó con una serie de fotografías que una amiga, estudiante de fotografía, tomó casi por diversión. Después las publicó en Instagram. Una agencia de Buenos Aires las vio y el resto empezó a moverse muy rápido. Poco después llegaron las campañas internacionales y, cuando parecía que México sería el siguiente paso natural, la pandemia y los trámites burocráticos de visa cambiaron todos los planes. Entonces apareció una propuesta inesperada desde Corea del Sur. Muchos habrían dudado. Él hizo las maletas.

Lo que encontró al otro lado del mundo superó cualquier expectativa. Mientras creía que su estatura y sus propios prejuicios podían convertirse en una limitante dentro del modelaje internacional, descubrió que en Corea su apariencia encajaba perfectamente. Durante meses trabajó prácticamente todos los días para grandes marcas, hasta convertirse en uno de los rostros más solicitados de su agencia. Pero hubo un momento que redefinió todo.

Caminaba por Gangnam Square —una especie de Times Square coreano— cuando levantó la vista y comenzó a encontrarse a sí mismo en las enormes pantallas publicitarias. Su imagen aparecía una y otra vez. Incluso una de ellas llevaba escrito su nombre. «Ahí fue cuando todo cobró sentido», recuerda.

Hasta entonces había vivido obsesionado con la siguiente meta. El siguiente casting. El siguiente contrato. El siguiente país. Aquella noche entendió que también era necesario detenerse a celebrar el presente. Quizá por eso hoy habla del éxito desde un lugar mucho más sereno. Porque detrás de la aparente espontaneidad que proyecta en redes sociales existe una disciplina casi obsesiva. Mientras otros vivían la adolescencia entre fiestas y salidas, él prefería invertir el tiempo en construir la vida que imaginaba.

Esa misma disciplina se trasladó a la creación de contenido. Lo que comenzó como un espacio para divertirse terminó convirtiéndose en un trabajo de tiempo completo. Grabar campañas durante diez horas para después regresar a casa a editar videos, preparar publicaciones y pensar en el contenido del día siguiente forma parte de una rutina que pocas veces aparece frente a la cámara.

Sin embargo, conforme crecieron las audiencias también apareció una pregunta inevitable: ¿cuánto de Juani pertenece realmente a internet? La respuesta la fue encontrando con el tiempo y con la experiencia. Si en los primeros años compartía prácticamente todo, hoy entiende que la privacidad también es una forma de libertad. Aprendió a separar el personaje público de la persona que existe cuando se apaga la cámara. No porque uno sea falso y el otro verdadero, sino porque descubrió que no todo necesita convertirse en contenido.

Ahora esa interminable búsqueda de crecimiento encontró un nuevo destino: la actuación. Aunque muchos la ven como una nueva etapa, para él es, en realidad, un regreso. De niño hizo comerciales y una pequeña participación en una novela. Hoy, años después, decidió prepararse con la misma paciencia con la que construyó todo lo demás. Cursos, talleres, masterclasses, entrenamiento y mucha intuición.

«No quiero hacerlo rápido. Quiero hacerlo bien». Mientras arma su demo reel y se reúne con directores y productores, admite que le gustaría debutar en la comedia, romper con la idea del modelo solemne y demostrar que también puede hacer reír. México, mientras tanto, dejó de ser una escala para convertirse en hogar. Aquí encontró una comunidad, construyó amistades, adoptó una perrita y echó raíces. Incluso dio un paso más allá al fundar ThatMood, una casa productora desde la que desarrolla proyectos audiovisuales para artistas y marcas.

Después de tantos cambios de país, de acento y de profesión, parece haber encontrado algo parecido a la estabilidad. Aunque, conociendo su historia, esa estabilidad probablemente solo sea el punto de partida para la siguiente aventura.