Yorghaki: música, moda y una nueva etapa como solista

YORGHAKI: UN MUNDO DE POSIBILIDADES

Entre el merenguetón, su primera Fashion Week en París y una nueva etapa como solista, Yorghaki está construyendo un universo propio donde la música, la moda y sus raíces venezolanas conviven sin demasiadas reglas. Hablamos con él sobre las primeras veces, el estilo que aprendió en casa, la libertad de no tener que definirse todavía y ese lujo que, para él, nada tiene que ver con las cosas materiales.

Yorghaki habla de ‘Antes de que sea tarde’ como quien habla de una decisión que llevaba demasiado tiempo esperando. Después de una gira, de años construyendo música junto a Aleh y de convertirse en uno de los nombres asociados a la nueva ola del merenguetón, decidió ponerse al frente del micrófono y empezar otra etapa. No necesariamente porque tuviera todo claro, sino precisamente porque no quería seguir esperando a tenerlo. ‘Si no cantaba ahorita, no lo hacía nunca en mi vida’.

La idea atraviesa el disco y también su manera de entenderse a sí mismo: hacer las cosas mientras todavía exista el deseo de hacerlas. Cantar, sí, pero también cualquier otra cosa que le despierte curiosidad. Habla de hacer radio, montar una revista, actuar, entrar en tecnología, encontrar otro hobby o incluso otra carrera. ‘Si tú quieres hacer muchas cosas, hazlas’.

Entre esas primeras veces haciendo cosas nuevas estuvo también París. El junio pasado, Yorghaki llegó a su primera Fashion Week, una experiencia que terminó interrumpida por el terremoto en Venezuela y lo llevó a cancelar su agenda para concentrarse en su país y su familia. Alcanzó, sin embargo, a vivir el ritual de los fittings, probarse las prendas que habían elegido para él y descubrir de cerca una industria que siempre había formado parte de su vida. Su relación con la moda empezó en casa: su mamá hace bisutería desde niña, su abuelo vendía joyería en Venezuela y sus hermanas también crecieron rodeadas de ropa, accesorios y referencias. Él fue absorbiendo todo aquello de manera natural: los colores, las prendas, las combinaciones que le gustaban y las que no. Con los años, ese cúmulo de referencias terminó convirtiéndose en un estilo propio.

Ese estilo no se separa demasiado entre la música y la ropa. Para Yorghaki, ambas cosas pertenecen al mismo universo. ‘Si escuchas la música y cierras los ojos, tú me puedes imaginar’. No se trata de vestirse de cierta manera para representar un sonido, sino de que las dos cosas nacen del mismo lugar: lo que ha vivido, lo que le gusta y la manera en la que decide mostrarlo.

Es imposible hablar con él sin que Venezuela aparezca en algún punto. Está en su infancia, en los ritmos que escuchaba de niño, en el merengue, en la música que sonaba en las fiestas y en esa mezcla de referencias caribeñas que hoy también atraviesa su sonido. El merenguetón, en su versión, toma elementos del reguetón, el merengue, el dancehall y el reggae para construir algo que describe como más rápido, oscuro, melancólico y brillante.

Pero Venezuela también está en una conversación más amplia sobre identidad. Yorghaki no se siente cómodo con la idea de ser vocero de un país. Prefiere hacer su trabajo y dejar que lo que ocurra alrededor hable por sí mismo. Aun así, hay momentos en los que esa representación sucede inevitablemente: una camiseta con la frase ‘No dejemos de apoyar a Venezuela’ frente a miles de personas en un concierto sorpresa junto a Beele, una fiesta en Valencia con amigos y colegas llegados de distintos lugares del mundo, o simplemente el hecho de llevar consigo una identidad que cada vez tiene más espacio en la conversación internacional.

A meses del lanzamiento de ‘Antes de que sea tarde’, su relación con esta nueva faceta podemos decir que ya ha marinado. El primer impulso ya pasó. Llegaron los ensayos, las presentaciones y una nueva canción con Lagos. Y con ellos, algo parecido a la certeza. Todavía habla de inseguridades y de ese síndrome del impostor que apareció cuando se convirtió oficialmente en solista, pero ahora puede mirar hacia atrás y decir que está más contento con el disco de lo que estaba el día que salió.

‘Soy real’, dice. No pretende saber todo ni tener todo resuelto. A veces algo no le gusta y al día siguiente cambia de opinión. Quizá por eso todavía no quiere definir del todo qué artista será. Lo mismo ocurre con el futuro. Tiene cosas que quiere terminar, otras que apenas empiezan y muchas más que todavía ni siquiera sabe que quiere hacer. Hay una calma particular en eso: no parece interesado en llegar rápido a una versión definitiva de sí mismo.

Al fin y al cabo, para él, el verdadero lujo está en el amor y la familia. En tener con quién compartir el dinero, un viaje o un hotel de cinco estrellas. En construir un núcleo propio y tener personas con quienes compartir las cosas buenas que llegan. Tal vez por eso Antes de que sea tarde funciona como algo más que el título de un disco. Es una manera de moverse por el mundo. No esperar demasiado. No escoger una sola versión de uno mismo. Y, sobre todo, no dejar para después las cosas que todavía tenemos ganas de hacer.