Kali Uchis habla de identidad, maternidad y libertad creativa

KALI UCHIS: SER ARTISTA, NO CELEBRIDAD

Entre lo íntimo y lo indescifrable, Kali Uchis ha construido un universo donde la música no se consume: se siente. En una industria obsesionada con la inmediatez y la exposición, su propuesta es casi radical: misterio, emoción y verdad. En esta conversación, la cantante explora identidad, maternidad, raíces y libertad creativa, revelando que su arte no busca explicar, sino provocar.

Por Emilio Gala 

Créditos:
Director editorial y realización: @gerardangulo
Fotografía: @carlosruizc_
Maquillaje: @etienneortega
Peinado: @jasonhaiir
Entrevista: @e.gala_
Asistente de moda: @hannafhz @nellyymariell – Step Turner
Producción: @008anadmoda800
Productor en set: Carlos Ramírez
Asistente de producción: @reginaavincent @teeevvvaaa
Compañia de producción: @esynstudios
Set designer: ANASTASIIA GLUSHNEVA.
Coordinador de video: @valdemartarin

Identidad: entre lo íntimo y lo político

Hablar con Kali Uchis es entrar en un espacio donde lo personal y lo artístico no están separados, pero tampoco completamente expuestos. Su voz se mueve en esa línea delicada entre lo que se comparte y lo que se protege. Desde el inicio, su identidad aparece como un eje inevitable: no como una estrategia, sino como una raíz. «Desde que empecé, para mí siempre era muy importante llevar mi orgullo de ser colombiana como muy enfrente de todo lo que hago», explica. No es un discurso reciente ni una postura calculada; es algo que ha estado presente desde sus primeros videos, cuando aún creaba sola, con recursos limitados, pero con una claridad estética que ya apuntaba hacia lo que vendría.

Ese orgullo ha adquirido una dimensión más profunda con el tiempo: «Ahora todo lo que hago lo trato de hacer con intención». Y en esa intención hay una urgencia que trasciende lo artístico: «Quisiera que la gente latina sepa tener orgullo por nuestras raíces… porque mucha gente cambió sus nombres, dejó de hablar español, todo para evitar discriminación». La conversación se vuelve más densa cuando aborda el contexto actual: «Hay mucho racismo contra los latinos y eso lo volvió más importante para mí, demostrar que nosotros…». Su voz no se quiebra, pero sí se vuelve más firme. «Si crees en ti mismo puedes lograr lo que sea», añade, no como frase aspiracional, sino como una convicción construida desde la experiencia.

Vulnerabilidad: lo que se muestra y lo que se guarda

En una era donde la exposición funciona como moneda de cambio, Kali Uchis elige el límite. No desde el miedo, sino desde la conciencia: «Estoy tratando de ser lo más honesta que puedo», dice, pero de inmediato matiza: «Mi música y mi arte no tienen que ser tan personales en todo». La pausa es reveladora. Lo explica con una lucidez escasa en la industria: «Hay artistas que usan sus vidas personales para llamar la atención, la gente quiere drama, quiere saber de rupturas, como un circo». Y ahí traza una línea clara. «Para mí siempre ha sido muy importante no ser así. Dejar que mi arte speaks for itself».

Esa decisión tiene consecuencias: menos exposición mediática, menos narrativa pública, más distancia. Pero ese es precisamente el punto. «Es un orgullo ser más artista que celebridad», afirma con contundencia. Y luego, casi en susurro conceptual, llega la clave de su universo: «Me gusta ser una persona misteriosa, como mujer también es importante guardar cosas para mí». El misterio no es una estrategia estética: es una forma de autonomía. «Poder expresarme sin tener que explain myself», dice, y en esa frase se condensa su filosofía creativa.

El sonido: emoción antes que género

Intentar clasificar la música de Kali Uchis es un ejercicio inútil. Y eso no es casualidad.

«Yo nunca me he definido en un género», dice. «Para mí lo más importante siempre será el sentimiento»: esa declaración no es retórica, es estructural. Su proceso creativo no parte de fórmulas ni de tendencias, sino de una búsqueda emocional casi intuitiva: «Siempre me ha gustado la música que me hace sentir algo, que has soul in it».

Su forma de trabajar también responde a esa búsqueda de autenticidad radical: «Hace mucho tiempo que no colaboro con casi nadie, literalmente trabajo sola en mi cuarto». No es aislamiento: es control creativo. «Así las cosas se sienten very me», y ese “very me” resulta clave porque su música no busca universalidad en el sentido tradicional ni intenta gustar a todos. «No me da miedo ser esotérica, ser más niche», dice. «Puede ser que no todo el mundo se identifique y está bien». En una industria rendida ante lo viral, su postura es subversiva: «Es mi arte», repite, como un imperativo. Y en esa afirmación hay una libertad que pocos artistas logran sostener.

Espacio: habitar la música

Cuando se le pide imaginar su música como un espacio físico, Kali no duda, pero tampoco simplifica: «Sería un cuarto rosado, muy femenino, pero también muy fuerte». Y luego la escena se expande: «It would be in a beautiful garden with a lot of flowers, big windows, a lot of natural light, the wind blowing, the curtains moving». La imagen se vuelve más específica, más íntima, casi cinematográfica. «There’d be leopard print carpet… mirrors on the ceiling». No es solo estética: es una atmósfera emocional; un espacio donde conviven la suavidad y la fuerza, lo delicado y lo salvaje; un reflejo fiel de su música.

Lujo: tiempo, paz y libertad

El momento de mayor hondura llega cuando se habla de lujo. Kali desmantela de entrada cualquier idea superficial. «The real luxuries in life are time and peace», dice sin rodeos. Y lo explica desde una crítica directa al ritmo contemporáneo: «Everybody is always rushing, that fast-paced life doesn’t inspire me». Para ella, el lujo no está en la acumulación, sino en la elección: «Luxury feels like time, peace, the freedom to choose what you wanna do every day». Esa libertad, sin embargo, no es abstracta; está profundamente ligada a su historia personal.

«I’m the first woman in my family that bought my own house and I didn’t need a man to do that», dice con una mezcla de orgullo y conciencia histórica. La frase no es individualista: es generacional. «Tantas mujeres en mi familia no tenían libertad y no pudieron vivir las vidas que merecían». Con esa declaración, el lujo deja de ser un concepto aspiracional y se convierte en un acto de reparación. «Estoy sanando eso», dice. «Tengo que parar y mirar alrededor, ¿cuál es el punto de todo si no voy a disfrutar mi vida?». No es una reflexión ligera: es una declaración existencial.

Kali Uchis no construye su carrera desde la urgencia, sino desde la intuición. No responde a la industria; la atraviesa. En un mundo saturado de ruido, su propuesta es casi silenciosa: emoción antes que estrategia, identidad antes que validación, misterio antes que exposición. Su arte no intenta explicar quién es, tampoco busca encajar: existe desde un lugar honesto. Y quizá por eso produce una resonancia tan profunda, porque en medio de un ecosistema donde todo parece calculado, Kali insiste en algo que no se puede fabricar: la verdad, una verdad que no siempre se dice en voz alta, pero que se siente. Como su música.