Oro y herida: Tokischa desarma su historia y su nueva música

TOKISCHA: ORO Y HERIDA

Provocadora, espiritual, contradictoria y profundamente honesta, Tokischa no construye personajes: se expone. Su nueva era no es solo música, es un archivo emocional. Una narrativa que atraviesa el amor tóxico, los malos hábitos, la madurez y la reconstrucción. En esta conversación para NOIR, la artista dominicana desarma su propia mitología y revela que el verdadero lujo no está en el brillo, sino en la autenticidad radical. 

Por: Emilio Gala

Créditos:
Director editorial, realizador y productor ejecutivo: @gerardangulo
Fotografía: @angelbuzoo
Videografo: @individuaph
Makeup: @nandaquero
Hair: @sergioovejero_
Asistente de pelo: @carofanucchi
Asistentes de moda: @grace.w.w @videoooboy
Diseñador de producción: @juliamirr
Productora: @esynstudios
Productora general: @008anadmoda800
Estudio: @riversetstudios
Catering: @nurealfoodmiami
Entrevista: @e.gala_
Publicista: @thewallgroups

La estética como biografía emocional

Tokischa no concibe desde la tendencia, sino desde la herida. Cada era que ha construido ha sido una radiografía emocional más que una estrategia estética. «Depende del estado emocional en el que esté», explica. «Cuando empecé a crear Tokischa, Popola estaba en un estado muy girly y coqueta. Por eso tenía esa energía», añade. 

Su nuevo capítulo, su primer álbum, no nace desde la fantasía sino desde el archivo íntimo: «Lo conceptualicé con base en una época de mi vida donde estaba empezando a conocer el mundo, empezando a vivir. No tenía todavía cierta dirección. Mi vida giraba en torno a enamorarme de un chico y a vivir en ese círculo». Lo dice sin adornos y sin metáforas innecesarias. Es una confesión directa.

La narrativa del disco se remonta a diez años atrás: «Es una etapa de mi vida muy difícil donde estaba envuelta en una relación muy tóxica, en un entorno muy destructivo y con malos hábitos». El proyecto traza un recorrido cronológico de su propia transformación: «La historia va contando mi desarrollo desde entonces hasta ahora… donde toco ciertos traumas que pasé y que todavía llevo conmigo». La estética visual del álbum es entre amor, desilusión y oscuridad. Es memoria convertida en imagen. 

Vestido, Alfredo Martínez.
Zapatos, Diesel.
Vestido, Neithan Herbert.
Total look, Louis Vuitton.
Vestido, Alfredo Martínez.
Zapatos, Diesel.

Inspiración: la emoción antes que la referencia

A diferencia de artistas que citan corrientes, museos o directores de arte, Tokischa mira hacia adentro. «Me inspiro mucho en lo que siento realmente», afirma. No busca replicar lo ya hecho: «Me gusta buscar inspiración en las emociones, en cómo quiero enviar el mensaje, en cómo quiero que lo reciban más que en algo que ya se ha hecho». Su proceso creativo es visceral, no académico. No hay moodboards sobrecargados de referencias; hay estados de ánimo convertidos en sonido, imagen y performance. En ese gesto hay algo radical: crear desde la emoción como única brújula. 

El lujo como declaración de origen

Para Tokischa, el lujo no es silencio pulido ni minimalismo europeo. El lujo es exceso consciente, es joya pesada, es grillz dorado sobre labios pintados: «El lujo para mí serían las joyas, me gustan mucho, y por supuesto la moda», dice. Pero inmediatamente introduce la tensión que define su estética: «Me encantan los grillz, porque siento que es un poco contradictorio… No es muy glamurosa, es más hip hop, masculino». 

Ahí aparece la dualidad que la vuelve magnética: «Yo estoy aquí siendo muy glamurosa, pero yo vengo del barrio, yo soy una rapera, yo soy una chica así media tomboy a veces». En Tokischa, el brillo no niega el origen: lo subraya. El lujo es ornamento, pero también es resistencia. 

Sombrero, Felipe Guzmán.
Vestido, Alfredo Martínez.
Total look, Marika Vera.
Sombrero, Felipe Guzmán.

Si la música fuera arquitectura

Cuando le preguntamos cómo montaría su música como instalación artística, su respuesta es casi cinematográfica: «En un lugar sin techo, con una puerta grande, paredes de cristal, sonido del mar, del viento. Gente bailando ahí dentro, riendo, llorando. Mientras llueve». La imagen es clara: vulnerabilidad expuesta a cielo abierto, transparencia, catarsis colectiva. Su música no quiere techo ni límite. Quiere aire, agua, movimiento. 

Identidad como materia prima

En un mercado donde el sonido puede fabricarse en laboratorio, Tokischa insiste en la identidad como ingrediente esencial. «Es el ingrediente principal —afirma sobre su sonido—. Mi sonido surge con base en lo que me gusta, con lo que me hace sentir cómoda, con lo que me hace sentir que estoy diciendo lo que realmente pienso». 

La autenticidad no es eslogan para ella; es método: «Me gusta decir lo que realmente pienso y lo que siento. Y me gusta que suene acorde a ese sentimiento y que se vea acorde a ese sentimiento también». Para Tokischa, forma y fondo son inseparables. Si emocionalmente no vibra, no existe. 

Sombrero, Felipe Guzmán.
Total look, Louis Vuitton.
Vestido, Neithan Herbert.
Total look, Marika Vera.

Permanecer en lo efímero 

En un mundo que consume y descarta con velocidad algorítmica, le preguntamos cómo asegura que su arte deje huella. No duda: «Con autenticidad, diciendo lo que siento y lo que pienso, y siendo real». Y repite la palabra como mantra: real. «Así lo he estado haciendo desde que empecé y así lo sigo haciendo y lo voy a seguir haciendo».

Para ella, lo orgánico es lo único que sobrevive: «En este mundo lleno de contenido, llega el más orgánico, el más natural, el más honesto». Y su fórmula es sencilla: «No pensando en que es contenido, sino haciéndolo, creándolo y que sea auténtico». En tiempos de hiperproducción, su apuesta es casi subversiva: sentir antes de publicar.

La crudeza elegante

Si su carrera fuera cine, elegiría a Quentin Tarantino: «La forma en la que él hace películas es muy cruda y divertida, pero con un trasfondo bien significativo». La comparación no es gratuita: en Tokischa también hay violencia estética, humor oscuro y narrativa fragmentada. Pero debajo del ruido hay estructura emocional; su arte no es caos arbitrario, es crudeza con intención.  

Vestido, Alfredo Martínez.
Zapatos, Diesel.
Total look, Louis Vuitton.

Reinventarse sin traicionarse

NOIR es vanguardia y Tokischa entiende la reinvención como proceso natural, no como cálculo estratégico: «Creciendo, aprendiendo, madurando. Prestando atención en conexión conmigo misma», explica. Reconoce que cambia constantemente: «Una cambia todo el tiempo. Hay tanto que conecta conmigo y sabiendo lo que me gusta, lo que ya no me gusta, a dónde quiero dirigirme y a dónde quiero ir». La reinvención no es ruptura con el pasado; es evolución consciente. 

Tokischa no busca aprobación estética ni validación académica. Su arte nace de la experiencia, del trauma, del deseo y del error. Desde el primer momento sintió su música como algo puro: «Desde que empecé a hacer arte la sentí pura. Trae algo y por eso el mundo la sintió así también». 

Hay artistas que construyen mitologías para sobrevivir al sistema. Tokischa hace lo contrario: desmonta la suya en público. Entre grillz dorados y confesiones incómodas, entre espiritualidad y barrio, entre glamour y crudeza, ha convertido su vulnerabilidad en declaración estética. En un mundo saturado de contenido, su mayor lujo no es el oro, es la verdad, y eso —en tiempos de simulacro— es radical.